Las semillas modificadas genéticamente han sido atacadas y defendidas con ahínco. Pero, ¿quién tiene el poder?, ¿cuáles son los mitos que se creen?, ¿cuál es el problema en Colombia?, ¿por qué quieren proteger las semillas criollas y ser libres de transgénicos?

En la naturaleza el intercambio genético entre diferentes especies, como por ejemplo entre una flor y un león, no es posible. Pero el ser humano descubrió la forma de modificar genéticamente organismos vivos, utilizando la biotecnología.

Esta es la breve historia de cómo ocurrió.

¿De dónde salieron los transgénicos?

Seis grandes corporaciones agroquímicas trasnacionales dominan los mercados globales de semillas y pesticidas: BASF, Bayer, Dow, DuPont, Monsanto y Syngenta.

Cifras Grupo ETC

Semillas: hace 20 años 7.000 empresas controlaban el 10%, ahora 10 empresas controlan el 75 %.

Agroquímicos: hace 20 años 65 empresas controlaban el 100%, ahora 9 empresas controlan el 95%

Dato curioso: BASF, Bayer, Dow, DuPont, Monsanto y Syngenta tiene ingresos conjuntos de más de 65.000 millones de dólares en agroquímicos, semillas y rasgos biotecnológicos, según el grupo ETC.

Según el subgerente de protección vegetal del ICA, Carlos Alberto Soto Rave, del 100 % de empresas registradas para producir semillas certificadas en Colombia, sólo el 5 % son de multinacionales: Bayer (algodón), Syngenta (maíz), Monsanto (maíz) y Dupont (maíz) y Dow. El 95 % serían empresas nacionales.

Dato curioso: La república unida de la soja: Fue denominada así por Syngenta en un aviso publicitario, en donde mostraba los países del Cono Sur que sembraban soja: Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Los críticos como Grain la denominan como una “declaración explícita de neocolonialismo”.

¿Cuáles son los impactos que se teme que generan los transgénicos?

1. Afectación de la biodiversidad

2. Incremento del uso de tóxicos, pesticidas

Impacto medioambiental

Afectación de la biodiversidad:

Germán Vélez, director del Grupo Semillas de Colombia, afirma que “existe la posibilidad de que por medio de la polinización se transfieran las características modificadas a las criollas”. Sin embargo, Monsanto lo niega y dice que eso sólo ocurre “a corta distancia y pueden manejarse con facilidad”. El Instituto Colombiano Agropecuario recomienda 300 metros entre el cultivo transgénico y el no transgénico, pero la investigadora Úrsula Oswald recomienda 5 kilómetros. Alejandro Chaparro, doctor en mejoramiento genético, asegura que la utilización de la tecnología en la agricultura tiene un efecto positivo en la biodiversidad: “Hay suficientes estudios que demuestran que la utilización de esta tecnología en unión con las técnicas convencionales ha logrado desarrollar cultivos cada vez más productivos reduciendo el área de la agricultura".

Incremento del uso de herbicidas:

David Buffin y Topsy Jewell, miembros del Pesticide Action Network, dicen que los herbicidas, como el glifosato, pueden afectar a otros seres vivos y ser tóxicos. Monsanto, productor del herbicida Roundup, niega esto, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud cataloga su producto como “extremadamente tóxico”. Además, las plantas podrían volverse resistentes a los propios herbicidas. "Existen evidencias en laboratorios, que OGM programados para producir su propio pesticida o resistencia a determinados herbicidas, provocaron resistencia en malas hierbas, lo que obligaría en un futuro a emplear pesticidas cada vez más poderosos”, documentó la investigadora Úrsula Oswald Spring.

Impacto en la salud

Los cultivos de este tipo se han considerado seguros hasta el momento, pero "la falta de pruebas de efectos negativos no significa que los nuevos alimentos transgénicos no entrañen ningún riesgo”, explica la FAO. Gilles-Eric Séralini, en su estudio alimentó por dos años con maíz transgénico comercializado NK603 de Monsanto a 200 ratas Sprague-Dawley, SD, las mismas que utilizó la multinacional en sus pruebas de 90 días y con las que afirmó que este tipo de maíz transgénico era tan seguro como el no transgénico. Séralini encontró que “tanto el maíz transgénico NK603 como el Roundup (herbicida) causaron graves daños hepáticos y renales, así como un desarrollo de tumores más frecuente y temprano, que llevaron a un aumento de la mortalidad”. Para la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) “ni el diseño, ni la presentación, ni el análisis de los datos del informe son suficientes”. Inclusive la revista Food and Chemical Toxicology, en la que fue publicado el estudio, pidió retractarse por medio de una carta pública.

Impacto socioeconómico

“Los procesos de monopolización llevan hacia una concentración de actividades agroempresariales en manos de pocas empresas transnacionales, destruyendo la economía campesina y los mercados regionales, creando dependencia tecnológica”, asegura la investigadora Úrsula Oswald Spring.

A lo que la doctora Úrsula se refiere es al hecho que el 71% del negocio de las semillas modificadas está en manos de seis multinacionales: BASF, Bayer, Dow, DuPont, Monsanto y Syngenta.

Sin embargo, Alejandro Chaparro, doctor en mejoramiento genético de plantas, afirma: “¿Quién les va a competir en la producción de maíz clavito (variedad criolla)? Eso no tiene ninguna competencia con las multinacionales (...) Entonces no es cierto que esto tenga un efecto negativo en las comunidades, porque son mercados diferentes”.

La otra amenaza está en la pérdida del conocimiento tradicional que por generaciones los agricultores han desarrollado. La tecnología es foránea en la mayoría de los casos y no siempre corresponde al contexto socioeconómico en la que es puesta en marcha.

Existe gran cantidad de información acerca de los
Organismos Genéticamente Modificados, pero no
toda es cierta. A continuación Alejandro Chaparro,
doctor en mejoramiento genético de plantas e
investigador de la Universidad Nacional, desmiente
algunas premisas.

Los transgénicos producen cáncer

Hasta el momento no se ha probado científicamente.

Solo por el hecho de sembrar transgénicos va a tener mayores ganancias

El agricultor debe tener en cuenta los demás asuntos que tiene una producción agrícola para lograr las ganancias. Sin embargo, en la revista Plos One un investigador publicó un metaanálisis y demostró que hay un efecto positivo en la ganancia de los agricultores por el uso de transgénicos.

Solo la biotecnología ha logrado mejorar las plantas agregando o eliminando características

La biotecnología hace parte de un campo más general llamado fitomejoramiento, impulsado por herramientas convencionales: hibridación y selección. Nosotros utilizamos los fitomejoradores y sobre esos resultados colocamos nuevas características utilizando la biotecnología. En el desarrollo de la humanidad se han utilizado otras herramientas, la biotecnología es la última.

Los agricultores per se hacen mejoramiento genético

Eso es falso porque las herramientas que se necesitan para hacerlo requieren una formación de alto nivel. Lo que sí ha sucedido en el proceso de desarrollo de estos cultivos es su domesticación, que ha sido el resultado de generaciones de agricultores.

Los transgénicos son antinaturales

Ese en un proceso natural, los seres humanos tienen genes que provienen de otros organismos.

Dato curioso: Todos somos transgénicos: "Recientemente se ha demostrado que no se necesita ingeniería para que en una planta aparezcan genes de virus o bacterias. Además, se ha comprobado que en el genoma humano nosotros tenemos un porcentaje de genes virales, bacterianos”, explicó Alejandro Chaparro, doctor en mejoramiento genético de plantas e investigador de la Universidad Nacional.

Existe gran cantidad de información acerca de los
Organismos Genéticamente Modificados, pero no
toda es cierta. A continuación Alejandro Chaparro,
doctor en mejoramiento genético de plantas e
investigador de la Universidad Nacional, desmiente
algunas premisas.

¿De quién son las semillas? Esta pregunta, que parecería simple de responder, se ha convertido en el punto de desacuerdo entre dos polos opuestos: los que dicen que las semillas no deben tener dueño y los que piensan que cierto tipo de semillas sí pertenecen a alguien.

La idea de guardar semillas nació hace unos 12.000 años como una forma de mejorar la productividad. Pero desde hace algunos años se han desarrollado semillas modificadas genéticamente por medio de biotecnología, es decir transgénicos. Como dichas semillas son el resultado de investigación científica, las naciones se han puesto de acuerdo para proteger la propiedad intelectual del creador.

En el mundo agrícola existen dos clases de semillas: las criollas y las nativas que usan ancestralmente los pueblos, y las certificadas, que son mejoradas genéticamente por multinacionales, en la mayoría de los casos.

Así fue como nació la Decisión Andina y el convenio internacional UPOV 1978 (Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), a los que pertenece Colombia y el UPOV 1991, una versión actualizada del anterior. Los convenios pretenden dar los lineamientos para proteger los derechos del obtentor, que es “la persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad”.

Adicionalmente, los países pueden hacer normas internas para regular la producción, el uso y la comercialización de las semillas modificadas. Colombia lo ha hecho desde 1976, pero fue hasta el 2010, con la resolución 970 del Instituto Agropecuario Colombiano (ICA), que el ambiente se caldeó.

El recordado documental 9.70 mostraba las imágenes del ICA destruyendo 62 toneladas de semillas de arroz con la ayuda del Esmad de la Policía en Campoalegre (Huila). Era una crítica a la percepción que tenían los agricultores de que se les estaba atacando por reutilizar las semillas e intercambiarlas entre ellos, cosa que ya no se podía hacer según las normas.

El ICA se ha defendido diciendo que la razón por la que incautaron las semillas era un asunto sanitario, “porque eran semillas de costal, estaban envenenadas”, aseguró Carlos Alberto Soto Rave, subgerente de protección vegetal del ICA.

Las quejas por la 970 llevaron a paros agrarios, a un descontento generalizado. En la regulación no se especificaba el tipo de semillas que se regulaba, se perseguían las “ilegales”.

Según el ICA había semillas legales e ilegales y los agricultores vieron en peligro las semillas nativas y criollas que por generaciones han pertenecido a los pobladores. Para ellos las semillas eran de la tierra y no debían tener dueño, menos uno tan poderoso como Monsanto.

La discusión llegó a tal punto, que el presidente Juan Manuel Santos pidió “congelar” la resolución. Sin embargo, para el ICA el pedido era traído de los cabellos.

"Hay una imprecisión en este compromiso y es que yo no puedo quitar la resolución. Decir no aplico la 970 y nadie legisla en semillas no se puede, porque si yo quito la 970 pues quedaría otra vez la anterior”, aseguró a Semana.com Ana Luisa Díaz, directora técnica de semillas del ICA.

Según el Instituto, en ese momento ya se estaba gestando una nueva resolución, la 3168, debido a las quejas recibidas.

Con la nueva resolución, según el subgerente de protección vegetal del ICA, Carlos Alberto Soto Rave,  se arreglaron los malentendidos. Pero esto no es lo que piensa Germán Vélez, el director de Grupo Semillas. ¿El problema en la resolución 3168 es semántico?

El ICA vs. el Grupo Semillas

Decimos que vamos a reglamentar únicamente las semillas de cultivar obtenidas por el mejoramiento genético y no a las criollas o a las nativas.

El ICA no aclara a qué se refiere la norma cuando habla de regular semillas con un mejoramiento genético convencional o no convencional. Por lo que podría aplicarse a las semillas mejoradas por los agricultores de forma tradicional.

Se elimina el control de la transferencia a título gratuito de semillas, porque la gente decía: cómo así yo no le puedo entregar a mis vecinos semillas. Sí lo pueden hacer, desde que no sean las modificadas genéticamente.

No queda claro qué pasaría si un agricultor produce y comercializa semillas criollas o no certificadas de las especies nombradas en la resolución: arroz, maíz, algodón, papa, sorgo, avena, cebada, trigo, soya, ajonjolí, maní, yuca y fríjol.

El control policial sanitario continúa. Pero la Policía solo nos acompaña a hacer el control. En el ICA no hay un solo proceso en contra de un agricultor, porque no es nuestro rol.

En los decomisos realizados por el ICA se trata a los agricultores como delincuentes, solamente por producir, guardar y distribuir semillas como lo han hecho desde épocas ancestrales.

¿Qué pasa si se cruza una variedad criolla con una protegida? ¿De quién sería la semilla?

“Sembramos maíz transgénico y perdimos todo”

A 22 kilómetros de Neiva queda Campoalegre, un municipio de una tradición arrocera tan arraigada, que se ha ganado el título del ‘Centro arrocero del Huila’. Pero desde hace algunos años sus tierras se han colmado de otro cultivo: el maíz.

Martín Vargas, un agricultor que lleva 15 años en el oficio, decidió empezar a cultivar maíz transgénico en el 2012. Al principio los cultivos daban muy buena producción, las semillas de las multinacionales Monsanto, Syngenta y DuPont eran casi un milagro. Pero la abundancia acaeció y desde el último semestre de 2015 los agricultores de Campoalegre vieron su producción de maíz fracasar. La promesa de las semillas transgénicas se había disuelto como un espejismo.

“Yo decidí cultivar maíz transgénico porque las casas comerciales y de insumos nos hacían reuniones con las productoras de semillas y nos decían: ‘que esta es la mejor semilla, que le da a usted 12 toneladas por hectárea o más’. Pero es mentira, uno no recolecta más de 6 o 7 toneladas por hectárea. Y en los últimos meses ha sido un fracaso total”, explicó Vargas.

Perder la producción para Martín y para otros 120 agricultores que se han reunido para intentar buscar una solución a su situación ha representado al menos 2.000 millones de pesos en pérdidas.

“Uno pide un préstamo a una casa comercial o a un banco y de ahí es de donde saca la plata para pagar todo. Entonces como no dio resultado quedamos endeudados y nos pueden embargar”, explicó con preocupación Vargas.

La situación de los agricultores campoalegranos es compleja; para volver a cultivar maíz se necesitan cinco millones de pesos por hectárea. En el caso de Martín que posee 10 hectáreas, necesitaría 50 millones de pesos adicionales a la deuda que ya tiene en el banco por la cosecha anterior.

Al ver que las semillas no funcionaron pidieron ayuda al Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). “Al ICA le mandamos derechos de petición, pero dijeron que era que a nosotros, los agricultores, se nos había olvidado cultivar, teniendo una experiencia de hasta 40 años en esto”, aseguró Vargas.

Según Martín, ellos han sido muy juiciosos siguiendo las recomendaciones que las multinacionales les han dado para sembrar las semillas “con los químicos que ellos dicen”.

Semana.com pidió la versión de los hechos al ICA. Según el Instituto todas las quejas fueron atendidas y después de realizar muestras de laboratorio encontraron diferentes enfermedades que afectaron los cultivos como “achaparramiento del maíz, enanismo arbustivo del maíz y la especie D. maidis que es vectora del virus del rayado fino del maíz”, argumentó el ICA.

Después del fracaso de los cultivos de maíz transgénico Martín está sembrando arroz de nuevo para poder sobrevivir y alimentar a otras seis personas que dependen de su trabajo, pero esta vez con las variedades de semillas de la Federación Nacional de Arroceros.

Algunos lugares del país decidieron declarar su territorio
libre de transgénicos de manera autónoma para tratar
de evitar sus impactos.

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San Lorenzo, un municipio que quiere estar libre de transgénicos

Los pobladores del municipio nariñense prefieren prevenir antes que lamentar, por eso decidieron que querían blindar su territorio de los transgénicos.

“Estamos preocupados por las semillas criollas, porque puede haber contaminación por transgénicos. No queremos que se cultiven por el desequilibrio, por las afectaciones en la salud y sobre todo porque modifican una cultura”, explicó Alba Portillo, promotora de la iniciativa e integrante de la Red de Guardianes de Semillas de Vida.

En San Lorenzo es la misma comunidad la que quiere blindarse y adelanta un proceso con el gobierno municipal para lograrlo. “Creemos que hay una buena voluntad política”, apuntó Portillo.

Para ella la cruzada que han emprendido con el fin de evitar la “dependencia” de este tipo de semillas es un pequeño paso a una meta más ambiciosa: una Colombia libre de transgénicos.

Las semillas criollas y nativas: un tesoro

Hay cientos de personas que se dedican a cuidar las semillas criollas y nativas, es decir las que son propias, se originaron en América y por generaciones han sido domesticadas.

Por ejemplo la domesticación del maíz en Mesoamérica data de cerca de 4.000 a. C. "bajo la forma de una pequeña mazorca con minúsculos granos”.

Tal vez por dicha tradición el maíz es el estandarte de la defensa de este tipo de semillas. Según un estudio realizado en el 2011 por el Grupo Semillas, en la región cafetera de Colombia están en riesgo de desaparecer 38 variedades, entre las que se encuentran: el maíz cuba amarillo, cuba blanco, capio y vela. Se reportan como perdidos los maíces blanquillo, dorado amarillo, dorado blanco y morado.

Perder las semillas es perder la diversidad, el trabajo de generaciones que se dedicaron a cuidarlas y seleccionarlas. La idea, ahora, es conservar y rescatar tradiciones ancestrales para el cuidado de las semillas, para ellos son símbolo de vida, de comunidad e identidad.

Con la Luna

Durante la cosecha la Luna debe estar en una fase específica: cuarto menguante, nunca en luna tierna o llena. "Se hace de esta forma para evitar el ataque de bichos y que en ese momento el contenido de líquidos es menor en las semillas y así es más fácil secarlas y almacenarlas", explica Alba Portillo, integrante de la Red de Guardianes de Semillas.

Otra práctica que según Portillo funciona es sacar la mata completa y colgarla boca abajo por algunos días, en caso de que sean semillas de hortalizas y granos pequeños como el amaranto y la quinua.

Controlar las plagas de forma natural

Según los guardianes de semillas hay diferentes formas de evitar que se llenen de gorgojos.

La primera consiste en guardar el maíz en hojas de eucalipto o utilizar plantas secas como la altamisa, el borrachero, la ruda o el ajenjo.

Otra, y tal vez la más ancestral, es la del ahumado. La idea es que la semilla quede envuelta en humo para que se seque. La forma en la que lo hacían era la siguiente: "antiguamente se ponían las semillas en un soberado o se colgaban sobre el fogón; de esta manera, cada vez que se cocinaba las semillas quedaban envueltas en humo, lo que las secaba y a la vez evitaba el ataque de plagas y enfermedades".

Antiguamente también eran almacenadas en vasijas de barro llamadas "pondos", las cuales terminaban en punta y se enterraban parcialmente en el suelo.

Dichas tradiciones están siendo rescatadas por personas que le han encontrado un significado especial a las semillas: su identidad.