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Reportaje Fotográfico de
León Darío Peláez/ Revista Semana

Textos:

César Alberto Moreno

Esteban Montaño Vásquez

Ana María González Forero

León Darío Peláez Sánchez

Multimedia:

Ricardo Galán / Director General Multimedia

Jóse Barrera / Editor Multimedia

Stéphanie Carvajal Arenas / Diseño UX-UI

Juan Felipe Guillén / Desarrollo Front End

Agradecimientos:

Fundación por la Educación Multidimensional (FEM)

Habitantes y líderes del corregimiento de Bocacerrada, San Onofre -Sucre

Reportaje fotográfico


de León Darío Peláez

“Llegar a Bocacerrada, un pueblo abandonado en La Región Caribe de Colombia es como llegar al limbo, ese lugar misterioso donde habitan las almas de los justos sin haber cometido ningún pecado personal. Aunque viven con una inocencia natural, estos 153 niños afrodescendientes viven en el pasado, sin servicios básicos y sin posibilidades de crecer pensando en un futuro. Solo la ilusión de jugar los mantiene vivos, antes de crecer y entender lo injusta que es la vida”.

LDP

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Bocacerrada es un pueblo costero de Sucre que ejemplifica el olvido en el que Colombia mantiene a sus comunidades rurales. Sus 500 habitantes, casi todos afrodescendientes, no tienen agua potable, el servicio de energía es intermitente y los desechos se amontonan en lotes vecinales o en los manglares a falta de un lugar adecuado para disponerlos. En suma, Bocacerrada parece detenida en el tiempo porque allí no han llegado todos los bienes y servicios que hacen la vida moderna más cómoda y saludable que en el pasado.

Y esta especie de estancamiento también se trasluce en los juegos de los niños. En Bocacerrada no hay parques, ni canchas de fútbol; tampoco consolas de videojuegos. El único computador del pueblo está dañado y se conserva en la escuela como un objeto de museo para que los estudiantes al menos sepan que esas máquinas existen en otras realidades. A falta de todo eso, los 153 menores de edad que viven en el pueblo se rebuscan y se inventan los juegos echando mano de lo que encuentran en las calles, pero sobre todo de su infinita imaginación.

  • Bocacerrada es un pueblo costero de Sucre que ejemplifica el olvido en el que Colombia mantiene a sus comunidades rurales.

  • Sus 500 habitantes, casi todos afrodescendientes, no tienen agua potable, el servicio de energía es intermitente y los desechos se amontonan en lotes vecinales o en los manglares a falta de un lugar adecuado para disponerlos.

  • En suma, Bocacerrada parece detenida en el tiempo porque allí no han llegado todos los bienes y servicios que hacen la vida moderna más cómoda y saludable que en el pasado.

  • Y esta especie de estancamiento también se trasluce en los juegos de los niños. En Bocacerrada no hay parques, ni canchas de fútbol; tampoco consolas de videojuegos.

  • El único computador del pueblo está dañado y se conserva en la escuela como un objeto de museo para que los estudiantes al menos sepan que esas máquinas existen en otras realidades.

  • A falta de todo eso, los 153 menores de edad que viven en el pueblo se rebuscan y se inventan los juegos echando mano de lo que encuentran en las calles, pero sobre todo de su infinita imaginación.

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Vida
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Bocacerrada es un pueblo que, al igual que muchos en Colombia, ha sufrido del abandono del gobierno central y la desidia de las administraciones locales. Sumado a estos problemas, el lugar se enfrenta a la encrucijada de no pertenecer a ningún lado, Sucre que en teoría debería abastecerle de los servicios básicos no los brinda y la población aprovechando su cercanía con Cartagena acude a Bolívar cuyo gobierno no reconoce al pueblo para prestarle servicios básicos.

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FOTOS: León Darío Peláez

Un pueblo olvidado
hasta por Dios

Bocacerrada es un pueblo que, al igual que muchos en Colombia, ha sufrido del abandono del gobierno central y la desidia de las administraciones locales. Sumado a estos problemas, el lugar se enfrenta a la encrucijada de no pertenecer a ningún lado, Sucre que en teoría debería abastecerle de los servicios básicos no los brinda y la población aprovechando su cercanía con Cartagena acude a Bolívar cuyo gobierno no reconoce al pueblo para prestarle servicios básicos.

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Los habitantes de Bocacerrada tienen dificultades a la hora de identificarse en algún grupo étnico y como víctimas de la violencia. “No hay un autoreconocimiento de la población afro” según FEM.

FOTO: León Darío Peláez.

De esto se desprende que los lugareños se encuentren en una situación de doble vulnerabilidad y ni siquiera estén en capacidad de acceder a los derechos étnicos garantizados según la ley para este caserío afrodescendiente.

Pero mientras los adultos de Bocacerrada tratan de ingeniárselas para salirle al paso a la difícil situación que enfrentan a diario, la población infantil sufre mayormente las consecuencias de ser uno de los tantos pueblos olvidados de Colombia. De las casi 500 personas que habitan el caserío, 153 son niños entre los 0 y 12 años, una población frágil, que poco sabe de su pasado, que tiene un presente sombrío y un futuro más que incierto.

Y es que las terribles condiciones ambientales y de salubridad que aquejan al recóndito lugar repercuten directamente en la salud de los infantes quienes, desde el mismo instante que llegan al mundo, se enfrentan a la falta de unas óptimas condiciones de vivienda y carecen de servicios públicos vitales como agua potable y alcantarillado.

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“La falta de acceso efectivo a la formación y a la información y la complejidad de los procesos burocráticos traen como consecuencia una mala calidad del liderazgo en la zona” dice el informe.

FOTO: León Darío Peláez.

Las cifras arrojadas por una visita del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en mayo pasado no son nada esperanzadoras. Del total de la población infantil de Bocacerrada, 17 menores de edad no contaban con documento de identidad y 64 se encontraban fuera del Sistema General de Seguridad Social en Salud.

Pero si la situación en materia de salud es alarmante, en educación puede llegar a ser peor. En el pueblo existe un improvisado colegio: Pero solo una aula de las cuatro existentes es funcional, de las otras tres, una no tiene techo y las otras dos están invadidas luego de las inundaciones que aquejaron a la región en el 2016. Por esto, en Bocacerrada solo se dictan clases tres de los cinco días hábiles de la semana.

Pero quizás lo más preocupante es que la mayoría de los niños y niñas, lastimosamente no pasarán de la educación primaria, una situación documentada en un informe de la Fundación por la Educación Multidimensional (FEM), de junio de este año, que dice que en allí “no existe la posibilidad de poder estudiar más allá de la primaria y esto obliga a que se incremente el abandono escolar o a que los jóvenes tengan que ser desplazados a otros centros educativos de pueblos colindantes si quieren tener un futuro académico”.

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“En el territorio de Bocacerrada hay una desprotección jurídica general a causa del no reconocimiento de las tierras”, asegura FEM.

FOTO: León Darío Peláez.

Sin embargo, la oferta de educación secundaria en sitios cercanos cercanos es nula y los recursos son inexistentes por lo que para los padres es imposible mandar a sus hijos a estudiar a municipios aledaños. Así las cosas, los niños están destinados a seguir perpetuando la economía de apenas subsistencia que ha mantenido el pueblo durante décadas. Algo que se ejemplifica según FEM en la poca movilidad social en la comunidad que “genera pobreza la cual es transmitida y replicada a través de las generaciones de las familias y de las comunitarias durante largo tiempo, condenando a la población pobre a un círculo vicioso o una ‘trampa de pobreza’ perpetua”.

Desnutrición, pobreza, analfabetismo y otros problemas derivados hacen pensar que la vieja frase de cajón sobre que “los niños son el futuro”, parece no aplicar para este caserío que parece olvidado hasta por el mismo dios.

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El 100% de los habitantes de Bocacerrada carecen de título alguno que los acredite como dueños de los predios en los que han habitado por más de 90 años. La mayoría de las mujeres carecen de fuentes de ingreso.

FOTO: León Darío Peláez.