Así se le caería el muro a Trump

La controversial idea del presidente Donald Trump ya está en marcha. En los primeros días de gobierno firmó una orden ejecutiva autorizando la construcción del muro en la frontera de 3.200 kilómetros entre Estados Unidos y México. Ya se cerraron las primeras convocatorias y pronto se sabrá quién ganó la licitación. Sin embargo, hay obstáculos para hacer realidad el que según Trump debe ser una "hermosa" mole de concreto que debe medir casi 10 metros de altura, y ser "estéticamente agradable a la vista" en la parte que da a EE. UU.

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Costos

Cuando estaba en campaña, Donald Trump dijo que el muro costaría unos 12.000 millones de dólares. Una vez en el poder, un reporte interno del Departamento de Seguridad Nacional estimó que costaría $ 21.600 millones. Otros, como el The Washington Post, aseguran que valdría $ 25.000 millones. Solo para el año fiscal 2018 Trump había pedido que el Congreso desembolse 1.500 millones de dólares para el muro, pero no fueron bien vistos y la propuesta fue retirada de los presupuestos. ¿De dónde saldrá el dinero? Trump ha dicho varias veces que la construcción la terminará pagando México, sin embargo, el presidente Enrique Peña Nieto ha anunciado que no será así.

Geografía

Los 3.200 kilómetros de frontera tienen todo tipo de paisajes y ecosistemas. Se teme que la construcción del muro en toda la línea que divide a los dos países -ya existe un muro de 1.100 kilómetros- afecte el medio ambiente. Según el informe del Departamento de Seguridad, el gobierno ya empezó a solicitar exenciones a leyes ambientales para ciertas áreas. Además, EE. UU. y México han hecho desde 1848 diversos tratados en materia de límites y distribución de aguas. Actualmente está vigente el tratado firmado en 1970 que dice que las construcciones que se hagan no pueden obstruir el flujo del río Bravo, ubicado en Texas.

The New York Times lo explicó jocosamente en un editorial: "¿Cómo construyes un muro a lo largo de dos mil kilómetros de una frontera con Texas compuesta por el río Bravo? ¿Lo pones del lado estadounidense y le dejas todo el río a México, ocupas territorio mexicano para quedártelo o lo pones a la mitad del río, o haces un compromiso a partir de un zigzag?". Como si fuera poco, John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional estadounidense, dijo que es "poco probable que construyamos un muro de costa a costa". Según el funcionario están estudiando en qué lugares sería mejor levantar la mole.

Oposición

La aprobación del Congreso es vital para Trump. Sin embargo, aunque hay mayoría republicana algunos legisladores de su propio partido se oponen a la construcción del muro, igual que los demócratas. Ante la resistencia Trump tuvo que retirar la financiación del muro de los presupuestos para aumentar las posibilidades de que estos fueran aprobados y dejar la batalla para después. La comunidad internacional no se queda atrás. Luis Almagro, secretario general de la OEA, ha criticado la construcción del muro, ha dicho que el muro separa a todo el continente y que el dinero que cuesta podría ser usado en la eliminación de las causas reales de la inmigración. “El muro de Donald Trump no solo se construye entre Estados Unidos y México, sino con toda Latinoamérica y el Caribe”, dijo.

MURO
¿Se desmorona el muro de Trump?

El "imponente" muro que Donald Trump prometió construir en la frontera con México se ha convertido en su caballo de batalla. Aun cuando todo parece ir en contra de la controversial idea, él sigue diciendo que este será una realidad. Lo prometió en campaña y no lograrlo sería una estruendosa derrota política.

La idea de construir semejante mole fue presentada por el magnate como el remedio milagroso para la inmigración ilegal por la que tanto sufre. Pero aun sus mismos seguidores han reconocido que es muy probable que el problema no se acabe con el muro. Ni qué decir de sus detractores. Para ellos ni el narcotráfico ni la inmigración quedarán solucionados con una pared de 10 metros de alto. Janet Napolitano, ex secretaria de Seguridad de Estados Unidos, ha dicho en repetidas ocasiones: "Dame un muro de 15 metros y te mostraré una escalera de 16".

En estos 100 días Trump se ha chocado con la realidad al darse cuenta de que hacer un acuerdo con China a su medida no se logra en los primeros minutos de una reunión, o que acabar con el Obamacare no ocurre en un chasquido de dedos. Lo mismo le ha pasado con el muro. No tiene un apoyo contundente, ni siquiera entre la ciudadanía pues su imagen favorable ha pasado del 61 al 41 por ciento según Gallup; perdió la oportunidad de que el Congreso aceptara desembolsar este año 1.500 millones de dólares para iniciar su idea y nada asegura que en un futuro lo logre. "El año entrante habrá elecciones de Cámara y es posible que los demócratas empiecen a ganar, y si eso pasa lo podrían utilizar para frenar el muro", explicó el analista internacional Carlos Alberto Patiño.

Trump, que se denominó con tanto orgullo "el rey de la construcción de muros" no ha pasado de las palabras. En caso de que no logre pagar la obra con dineros públicos deberá tener un as bajo la manga. Y cada vez pierde más fuerza la idea de que sea México el que termine pagando.

"De acuerdo con el derecho internacional no lo podría hacer salvo que México estuviese obligado a compensar o a reparar, lo cual exigiría que México hubiera previamente cometido un hecho ilícito en contra de Estados Unidos que estuviera relacionado con la migración, que es aquel objeto que según Trump persigue el muro", dijo Nicolás Carrillo, profesor investigador de Derecho Internacional de la Universidad de la Sabana.

Según explica Carrillo, de suponer un escenario en el que México tuviera que reparar a Estados Unidos la ilegalidad no podría demandarse ante los tribunales estadounidenses porque existe algo de se llama inmunidad de jurisdicción. "Eso quiere decir que como los estados tienen igualdad soberana no están, salvo en excepciones muy contadas, sujetos a la jurisdicción de otro porque son iguales, ninguna es superior de otra".

Aun con este sombrío panorama, a Trump le quedan 1.360 días, sin contar una eventual reelección, para intentar levantar la mole y salvar su capital político y su orgullo.