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ESPECIAL RIO MAGDALENA

La deuda de Cundinamarca Para la Gobernación, recuperar la navegabilidad del Magdalena es importante no solo por las oportunidades comerciales que ofrece, sino porque ayudará a mejorar la calidad de vida de los ribereños. El río Magdalena es fuente de vida cada año llegan alrededor de 2.000 toneladas de basura a la bocatoma del acueducto de Barranquilla, en la desembocadura. 42 y trabajo, y en el departamento de Cundinamarca, durante años, con el auge de la navegabilidad y el tránsito de vapores, significó progreso, como en muchas otras regiones co-lombianas. Por eso hoy es paradójico que los municipios cundinamarqueses más cercanos al río sean, a la vez, los más pobres. En Girardot, Nariño, Guataquí, Beltrán, San Juan de Rio-seco, Chaguaní, Guaduas y Puerto Salgar habitan 207.952 personas, de las cuales, en promedio, el 58,86 por ciento está en condición de pobreza, y el 34,61 por ciento tiene necesida-des básicas insatisfechas, según esta-dísticas de la Gobernación. Empeora la situación el hecho de que el servi-cio de energía eléctrica sea un 30 por ciento más costoso que en el resto del departamento y que, en su mayo-ría, no cuenten con acueductos que les suministren agua potable. Puerto Salgar y Guaduas dedi-can un tercio de su economía a acti-vidades pesqueras, de las que San Juan de Rioseco, Chaguaní, Nariño y Guataquí dependen entre un 10 y un 20 por ciento. Teniendo en cuenta el nivel de sedimentación y contami-nación del Magdalena, no es difícil descubrir a qué se debe, en parte, la situación económica de estas comu-nidades. Por la poca atención que se le ha dedicado a la región, pareciera que Cundinamarca no fuera parte de la cuenca del Magdalena. No obs-tante, los pobladores siempre han sido conscientes de su importancia. EL RÍO QUE SOMOS


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