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ESPECIAL RIO MAGDALENA

RÍO ABAJO: ALTO Y MEDIO MAGDALENA 61 De otra parte, para evitar las inundaciones que desde 2008 azotan a Puerto Wilches, la Alcaldía, en alianza con el departamento, adelanta contac-tos con la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres para mover un brazo del Magdalena que inunda 17.000 hectá-reas del municipio. Al mismo tiempo, la Gobernación invirtió 1.000 millones de pesos en la colocación de estrellas de concreto al borde del río para proteger los corregimientos Badillo y Chingalé de las inundaciones que se presentan en invierno. Con el propósito de devolverle al río un poco de todo lo que ha brin-dado a sus pobladores, la administra-ción local creó la Mesa Ambiental, un grupo de trabajo compuesto por el alcalde, el secretario general, docentes y juntas de acción comunal que coor-dinan tareas sobre dos líneas estra-tégicas: sensibilizar a la comunidad e involucrar a todos los actores que interfieren en el medioambiente. “El río Magdalena es la arteria fluvial más importante de Santander. Y hoy cobra mayor importancia porque permite generar empleos en todos los municipios”, afirma Mauricio Mejía, secretario de Infraestructura de la Gobernación. Entendiendo la relevancia del río, Puerto Wilches enfocó sus esfuerzos en tres grandes líneas: agricultura, prevención de inunda-ciones y protección y conservación del medioambiente. Quince años atrás, la zona que comprende los corregimientos de Paturia, Chingalé, Bocas del Rosa-rio, Sitio Nuevo, Vijagual, Guayabo, Badillo y Carpintero era la despensa económica y el principal punto de comercialización de Puerto Wilches. En la actualidad, cuenta con 22.000 hectáreas de pasto angleton, 1.500 de yuca, 940 de plátano y 450 de maíz que no logran ser distribuidas por los altos costos del transporte. El objetivo del alcalde, José Elías Muñoz, es mitigar, de la mano con Cormagdalena, el riesgo de erosión de los 52 kilómetros de diques carreteables que conectan el muni-cipio con los demás corregimientos para facilitar el comercio de los productos wil-chenses. La administración de Puerto Wilches protege a cerca de 30 manatíes que habitan en la ciénaga de Paredes. Entre estos actores están las grandes empresas de procesamiento de palma africana. La Alcaldía ha incentivado a las palmicultoras a desarrollar y socializar su propio plan de gestión ambiental con el fin de que compensen el daño que pue-dan generar. El primer gran logro de la Mesa fue sembrar 3.000 árboles en Caño Limón, cerca de la ciénaga de Paredes, hogar de especies en vía de extinción. Sin embargo, el verdadero reto por enfrentar es socializar con las empresas palmicultoras la impor-tancia del río como fuente de desa-rrollo para Puerto Wilches. La razón es que el cultivo de palma, que hoy representa el 95 por ciento de los ingresos económicos del municipio, es uno de los sectores que más con-tamina el Magdalena. En administraciones anterio-res no se le había prestado atención a la ciénaga de Paredes, que separa a Puerto Wilches de Sabana de Torres. Hoy, se toman acciones para prote-ger a los manatíes, que forman parte de la identidad del municipio. Por ello se dispusieron unas zonas fijas para alimentar a los mamíferos en su hábitat natural e impedir que forá-neos interrumpan su cotidianidad. Es aún largo el camino que le queda por recorrer a Puerto Wilches para volver a la riqueza de otros tiem-pos, pero reconocer que el río Mag-dalena puede ser la principal fuente de vida para el municipio y el país es avanzar con pasos de gigante. José Elías Muñoz, alcalde de Puerto Wilches. fotos: jorge serrato 3.000 ÁRBOLES sembró la Mesa Ambiental del municipio en Caño Limón; una de sus misiones es sensibilizar a la comunidad sobre la importancia del río.


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