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ESPECIAL RIO MAGDALENA

RIO 66 En estos lugares abundan los campesinos líderes que, algunos sin saber leer ni escribir, generan ideas que materializan a través de un medio de comunicación. Todos conforman una red que se arma de parlantes, car-tulinas y videoproyectores para trans-mitir el mensaje que da cuenta de la importancia de la gestión del riesgo. El caso de María Elena Borja es diciente. Ella vivía en el corregi-miento de Madrid (Bolívar), donde se vivía de la pesca, la agricultura y el comercio del bollo limpio a base de maíz. Pero en 2010 una inundación se llevó su casa. Dos años después, tras un proceso de socialización, María Elena se convenció de aceptar la casa que el fondo le prometió en Magan-gué. El problema era que su padre se oponía diciendo que ahí la gente se moriría de hambre porque no había dónde sembrar. Pero la realidad fue otra. Con la ayuda del fondo llegaron proyectos de crianza de animales y panadería, con lo que los beneficiarios pudieron participar en el proceso de reactivar la economía de los corregimientos. El 14 de junio de este año, María Elena pasó a ocupar una de las 877 casas entregadas por el fondo en Villa Juliana. “Yo venía todas las tardes a contar las manzanas para ver cómo iba quedando la mía”, dice, mien-tras cuelga una paloma de icopor en la ventana. El fondo entregó Villa Juliana I en diciembre de 2014, y Villa Juliana II, en junio de 2016. Junto con las de ese barrio de Magangué, el fondo ha construido más de 2.000 viviendas y 13 colegios. Ubicados en zonas no inundables, todos cumplen con un componente fundamental: están adaptados al cambio climático. Los lotes tienen un área de 84 metros cuadrados, construidos en el 50 por ciento. “Mis sueños, mis ideales y mis proyectos están acá”, dice María Elena. Ella ingresó al grupo de gestión del riesgo para informarse y así ayudar a comunicar a la población cómo prevenir peli-gros y contingencias. Trabajó con toda clase de herramientas, desde pancartas hasta una casa de títeres para que los niños se adaptaran más fácilmente a su nuevo hogar. Como muestra el caso de María Elena, la calidad de vida de las personas se fortalecerá de la mano de las estrategias que se desarrollan en La Mojana. Las alianzas produc-tivas, la reactivación de la economía y la capacidad de predecir la inunda-ción sirven para ordenar el territorio, lo que hasta ahora en Colombia no se había intentado. Ahora, después del modelo, debe venir su ejecución, que se tra-ducirá en inversiones en infraestruc-tura y desarrollo económico. Ese es el compromiso del fondo. LO QUE PERMITE EL ‘MODELAMIENTO’ DE LA MOJANA Con tecnología de punta, el Fondo Adaptación conoce en detalle lo que está pasando en cada centímetro de La Mojana. Así, puede prever las zonas más susceptibles de inundarse y los lugares más propicios para cultivar y cuándo hacerlo. La idea es usar este sistema en otras regiones. En junio pasado, el fondo entregó la segunda etapa de Villa Juliana, proyecto de vivienda adaptada a las condiciones de la región. foto: fondo de adaptación


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