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ESPECIAL RIO MAGDALENA

EL RÍO QUE SOMOS ¿Navegar o no navegar? El proyecto que busca recuperar la navegabilidad del río Magdalena no la ha tenido fácil, ni por las críticas que ha recibido ni por los obstáculos con los que se ha encontrado en el camino. Así estamos hoy. POR Camilo Sánchez* Desde principios del siglo XIX, 8 cuando un tozudo marino alemán apellidado Elbers quiso impulsar por primera vez la navega-ción a vapor por el río Magdalena, han sido muy pocos los estudios de peso que se han encargado de escudriñar los misterios, evolución y variables que atesoran sus aguas y cuencas. El profesor Juan Darío Restrepo, PhD de la Universidad de Carolina del Sur, dice que existen unas pocas decenas de publicaciones en revistas científicas indexadas; en cambio, el caso del Mississipi y sus tributarios, para formarse una idea, suma más de 10.000 artículos impresos. Esta es, pro-bablemente, una de las limitaciones más profundas que afronta el proyecto de recuperar 886 kilómetros para la navegación comercial de una de las vías fluviales más importantes del país. Manuel Rodríguez Bece-rra, primer ministro de Ambiente (1993) de Colombia y columnista de El Tiempo, ha expresado, al mismo tenor, su preocupación por la cantidad de incógnitas alrede-dor del actual proyecto. La unión temporal Navelena, encargada de las obras bajo contratación de la estatal Cormagdalena, ha logrado por el momento ejecutar una etapa de preconstrucción llena de tropie-zos e incumplimientos en el cierre financiero. Por ahora lo único que está asegurado es la navegación * Periodista y p olitólogo.


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