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SUECIA

De izquierda a Julián Bueno, Carlos Franco, Gabriel García Márquez, el maestro de música llanera Luis Quinitiva y Gloria Triana. 110 medio de la cumbia Soledad, la reina Silvia, de padre alemán y madre brasileña, empezó a tocar las palmas y con ella todos los demás invitados. El protocolo ya estaba roto. El miedo quedó atrás. “Ahí nos dimos cuenta de que había sido un éxito. La academia, al aceptar la participación musical, nos enseñó a los colombianos a reconocer nuestros referentes de identidad. Fue un triunfo de nuestras manifestaciones folclóricas, y el Nobel a Gabo es el hecho más importante de la cultura colombiana en el siglo XX”, concluye la documentalista. Pablo López, cajero del conjunto vallenato, recuerda que al llegar a Esto-colmo el clima registraba 8 grados bajo cero. “Tocamos ‘La creciente’ del Cesar, y como la mamá de la reina Silvia también empezó a tocar las palmas y a mover la cabeza, Gabo nos pidió ‘La patillalera’, de Escalona. La cosa fue apoteósica, qué gran emoción. ¿El oso? No, todo lo contrario”, afirma el veterano cajero de la dinastía López, de La Paz (Cesar). Los cinco días en Estocolmo les dejaron a los músicos muchas anécdotas. Una de ellas tiene que ver con Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta, que quería to-marse una fotografía con el rey Carlos Gustavo para mostrársela a sus amigos en Colombia. Le había dicho a Pablo que tuviera lista la cámara para cuando se lo encontraran. Un día, de visita en el Grand Hotel, Zuleta vio entrar a un hombre alto, elegante y con lo que parecía ser charreteras en su uniforme. “Poncho me dijo que ese era el rey. Se le acercó, le hizo señas para tomarse una foto y yo la tomé. Poncho quedó tan contento que me pidió que le sacara 60 fotos y que le diera el negativo. A los dos días volvimos al hotel y vi al supuesto rey cargando dos maletas: era el jefe de botones”, evoca López. Las expresiones de la identidad nacional, catalogadas por la prensa colom-biana como un acto de “lesa lobería”, fueron aplaudidas por el Dagens Nyheter, uno de los diarios más importantes de Suecia, al titular al día siguiente del fes-tejo: “Los amigos de García Márquez nos enseñaron cómo se celebra un Nobel”.  derecha: Consuelo Araújo, Estocolmo, en el Teatro Colón, y luego de verlo quedó aún más convencido de que era una buena idea. Se la jugó. “Llegamos a Estocolmo. Como no había muchos recursos, todos nos hospedamos en un barco-hotel en el mar Báltico, al que llegaban estudiantes en excursiones. Antes de la presen-tación, la Cacica fue a visitar a Gabo al Grand Hotel y él, consciente del ambiente de tensión por el posible oso, le preguntó: ‘De verdad, de verdad comadre, dígame ¿cómo ve usted lo de la mues-tra folclórica?’. Ella le respondió: ‘Estás caga-do del miedo porque en el fondo tú también estás pensando en ese maldito oso’. Todos estábamos nerviosos”, recuerda hoy Triana. Llegó la hora de la presentación en el banquete Nobel, en el Salón Azul del Pala-cio del Ayuntamiento. Eran 1.300 invitados y reporteros de todo el mundo. A cada gru-po le dieron tres minutos. “Allá me di cuenta de que yo no tenía invitación. Entonces me puse un vestido de cumbiambera mientras Nereo usó un sombrero vueltiao, como si fuéramos bailari-nes, y entramos”, dice ella, entre risas. El susto de los colombianos invitados al banquete era evidente. Los artistas hicieron lo suyo y, cuando le tocó el turno a Totó, en BJÖRN BORG, LEYENDA DEL TENIS Este sueco es considerado uno de los mejores tenistas de la historia. Se destacó por su gran capacidad de concentración, que lo hizo merecedor de múltiples reconocimientos: entre 1973 y 1981 llegó a 16 finales y obtuvo 11 títulos de Grand Slam. Fue seis veces campeón de Roland Garros y cinco de Wimbledon. FOTO: CORTESÍA GLORIA TRIANA Suecia


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