Revista Semana

Especiales Semana:
Los perros de la guerra

Capítulos

Trueno, el héroe

En 10 años de servicio, el patrullero Triana casi lo pierde todo, hasta su vida. Solo su perro compañero estuvo allí siempre, bajo la tormenta, en medio de las explosiones o junto a la cama de hospital donde dormía inconsciente.

El patrullero Triana se conmueve al recordar aquella noche en la que, estando de centinela en medio de la selva del Guaviare, se soltó un aguacero de esos que parecen la previa del fin del mundo. Trueno, su perro, ni siquiera se amedrentó por los rayos o el granizo. Soportó cada minuto de la tormenta, parado a su lado, como tantas veces más, incluso en esas en que la muerte los rozó.

Se conocieron en plena zona roja. A Triana, la dirección Antinarcóticos de la Policía le entregó un perro de 4 años en Chachagüí, Nariño, con la orden de que pronto estuvieran listos para empezar a trabajar en la erradicación de cultivos ilícitos. En 2013 Nariño era -aún lo es hoy- el complejo de narcotráfico más grande del mundo. Con muestras de pentolita, indugel y C4, el patrullero reentrenó a su compañero en la detección de explosivos. Pocos días después fueron enviados a los campos de amapola nariñenses. Una noche de esas, cuando apenas empezaban a convivir, Triana estaba de guardia en un campamento en medio de la maraña, cuando sintió los pasos como de una bestia que corría hacia él en medio de la oscuridad y la vegetación.

ver más

Trueno, el perro antinarcóticos

ocultar

El patrullero Triana y Trueno, su perro, están juntos desde 2013, cuando fueron asignados para erradicar cultivos ilícitos en las selvas de Nariño, donde sus vidas estuvieron en riesgo más de una vez.

Cuando reaccionó, ya tenía los dientes de un perro de monte clavados en su brazo izquierdo, destrozando su extremidad, moliendo una de sus venas que expulsaba sangre escandalosamente. Entonces Trueno apareció entre la noche, se abalanzó sobre el animal desconocido y se batieron en la tierra, hasta que el extraño, derrotado, se devolvió hacia el mismo monte del que había surgido. Triana se recoge las mangas de su camuflado para mostrar la cicatriz que le quedó de ese ataque, de los tiempos cuando su perro empezaba a mostrarle una fidelidad inquebrantable.

De la selva de Policarpa los enviaron a Tumaco, el municipio del mundo con más coca sembrada. Se internaron a erradicar sobre la frontera con Ecuador, una zona plagada de minas que flanquean los cultivos, como barrera de protección que en ese entonces plantaba las Farc. Cada cultivo de un par de hectáreas tenía al menos dos minas sembradas. Ese año, Colombia fue el país con más víctimas de esos artefactos: 49 personas murieron por esas explosiones.

Triana y Trueno eran los encargados de garantizar la vida de 62 erradicadores que solo pisaban en donde ellos les indicaran. En la primera semana de trabajo en la zona, la pareja detectó más de una decena de minas que fueron extraídas.

ver más

Trueno, el perro antinarcóticos

ocultar

La Dirección Antinarcóticos de la Policía entrena a sus perros en distintas especialidades, pero especialmente en la detección de explosivos y campos minados, y en la búsqueda de drogas.

"Los perros son un 90% de los ojos de los erradicadores", explica Triana, quien trabajó en erradicación durante más de 10 años. "Un erradicador no arranca coca hasta que no revise un perro, porque el detector de metales no lo capta todo. En Tumaco hacen el explosivo con un tarro plástico con anfo, más nitrato de amonio sacado de la úrea, y le colocan de metralla fichas de dominó. Les ponen aceite quemado para ocultar el olor y una batería de nueve voltios, con dos metros de cable de extensión. Pelan el cable de lado y lado y lo amarran a la mata de la coca. Cuando usted jala la mata, el cable se resbala, se juntan los dos extremos pelados y explota", explica.

A la semana siguiente volvieron al área. Trueno revisó un cultivo y detectó una mina. Creyendo que el área estaba asegurada, Triana les dio entrada a los erradicadores. Uno de ellos jaló una mata cuando sonó un "bombazo terrible". El erradicador salió volando, al igual que Trueno, que fue empujado por la onda unos tres metros. La mina que explotó estaba my cerca a la que el perro había detectado y eso, cree Triana, lo distrajo y evitó que la identificara. Los helicópteros artillados llegaron disparando sus ametralladoras para resguardar el área y los evacuaron. El erradicador se fracturó un brazo, se dislocó un pie y quedó lleno de esquirlas. La mitad del grupo de trabajo pidió la baja después del incidente. Triana y Trueno, en cambio, volvieron al área a la siguiente semana.

Eran jornadas duras, en las que se movían por la selva sin dejar de escuchar los tatucos y los cilindros que explotaban en las proximidades. Tras su regreso a la zona minada, se repitió la tragedia. Trueno encontró dos minas en un campo, pero había otra oculta en la raíz de una mata. Cuando el erradicador la jaló, explotó. Cinco personas fueron heridas y el resto del grupo pidió la baja. El perro y su guía se quedaron. Pero la racha de infortunio estaba lejos de terminar para ellos.

ver más

Trueno, el perro antinarcóticos

ocultar

En la base aérea de la Policía Antinarcóticos, en Guaymaral, permanecen los perros jubilados del servicio, a la espera de ser adoptados por una familia con la que puedan pasar en calma sus últimos años.

En una de esas expediciones, Triana vio volar un tatuco por encima de él. El artefacto explotó en el aire, a unos 10 metros de su cabeza y la fuerza de la onda lo golpeó en la espalda y el estómago. Lo reventó por dentro. Triana sangraba por los oídos, la nariz y la boca. Lo evacuaron a la clínica Los Ángeles, en Tumaco, donde estuvo internado por 14 días en los que Trueno permaneció junto a su cama, haciendo guardia de su recuperación. Tras esa racha, Triana pensó en renunciar.

"La moral estaba por el piso. ¿Dios mío en qué me metí, qué hice? Pero mi papá me dijo: Mijo hay que hacerle. Toda la vida hemos sido pobres, humildes, del campo, y la única solución es seguir ahí. Hágale que mi Dios le socorrerá bendiciones". Triana volvió, y a él y a Trueno los sacaron del área. Las heridas físicas no eran las únicas secuelas que el servicio le había dejado a Triana. Su esposa y sus dos hijos se habían separado de él porque permanecía mucho tiempo lejos de ellos. En esos momentos, su lazo con Trueno era lo más concreto que tenía.

Un par de años después, en Tarazá, tras una emboscada del ELN a un grupo cercano a su unidad, en el que murieron 4 policías y uno más fue secuestrado, Triana y Trueno encontraron una caleta de armamento con la que los guerrilleros pretendían reabastecerse para rematar a los sobrevivientes. Ese hallazgo les valió una recompensa. Los mandaron para la zona urbana de Caucasia, como escoltas de un oficial. Allí, la buena racha continuó. Vigilando la seguridad de su superior, Trueno salió corriendo hacia una camioneta bañada en barro que parecía abandonada. El perro la arañaba, desesperado por entrar. Adentro encontraron 11 bultos de anfo y dos bultos de úrea, materia prima suficiente para preparar kilos de explosivos. En recompensa por el hallazgo, la pareja salió por fin de la zona de guerra.

ver más

Trueno, el perro antinarcóticos

ocultar

Los perros se convierten en los ojos de los erradicadores que trabajan en medio de campos minados. Una señal suya, apuntando la presencia de explosivos, puede salvar decenas de vidas.

Tras 10 años erradicando cultivos en las regiones más peligrosas del país, Triana fue enviado en 2015 junto a su perro a la base de Guaymaral, en Bogotá, para que estudiara enfermería canina. Fueron seis meses de curso en ese lugar donde están muchos de los perros de la dirección Antinarcóticos de la Policía, algunos ya retirados, otros activos y esperando a ser llamados a servicio. Y hasta allí les llegó la inesperada orden de que se separaran. Triana seguiría trabajando en la base, pero Trueno tenía que viajar al Guaviare a apoyar la erradicación. El patrullero, sin embargo, no estaba dispuesto a separarse de su compañero. Y no lo permitió.

El pasado 1 de diciembre, Triana recibió oficialmente en adopción Trueno, a sus 10 años. Ahora viven juntos en un apartamento en Bogotá, que comparte con su nueva pareja, y al que llegó Trueno para hacer compañía en los buenos tiempos, así como estuvo en los días más difíciles del patrullero Triana.

ver más

Trueno, el perro antinarcóticos

ocultar

Un perro policía comienza su servicio antes de cumplir un año de edad, y se jubila alrededor de los 8. Durante ese tiempo atienden llamados en distintas partes del país, desde escenarios de guerra como un campo minado, hasta ambientes controlados como los aeropuertos.