A partir de este 15 de mayo el 99 por ciento de los productos de Colombia podrán ingresar con cero arancel al mercado más importante del mundo. Pero también hay temor por una posible inundación de productos gringos importados.
Ahora sí arrancó el TLC
Después de ocho años de que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos emprendieran las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre los dos países – el 18 de mayo de 2004- por fin se hará realidad cuando este 15 de mayo se envíe el primer contenedor hacia el país del norte bajo las nuevas condiciones comerciales.
El acuerdo tuvo que sortear múltiples obstáculos antes de que se convirtiera en una realidad por las posiciones radicales de los principales opositores en las dos naciones. En el caso de los Estados Unidos las principales críticas vinieron de los sindicatos que cuestionaban las deficientes condiciones en las que trabajaban millones de colombianos así como la falta de garantías para los sindicalistas, muchos de los cuales habían sido asesinados. En Colombia los principales cuestionamientos vinieron de los productores del sector agropecuario que advirtieron sobre el grave impacto que tendría el acuerdo para sectores como el maíz, el arroz, la carne y el pollo. La industria farmacéutica nacional también protestó por los beneficios otorgados a las multinacionales.
A pesar de que las negociaciones se cerraron en 2006 el TLC permaneció congelado casi cinco años en el Congreso de Estados Unidos y varias veces estuvo a punto de hundirse. Pero el año pasado logró destrabarse y finalmente el 13 de octubre el parlamento de esa nación le dio luz verde. Ahora, siete meses después es por fin una realidad.
El acuerdo es importante para Colombia porque Estados Unidos es su principal socio comercial. A esa nación se dirige más del 40 por ciento de las exportaciones colombianas – alrededor de 17.000 millones de dólares-. Colombia, por su parte, le compra alrededor de 11.000 millones de dólares al año. Además, el país del norte sigue siendo la principal potencia mundial con un mercado de 310 millones de consumidores con un gran poder adquisitivo – El PIB per cápita es de 47.700 dólares-. Con la entrada en vigencia del TLC la mayoría de productos nacionales podrán ingresar a ese mercado con cero arancel, es decir, no pagarán impuestos. Diversos análisis sostienen que los sectores que podrían verse más beneficiados son textiles y confecciones, azúcar, flores, frutas y hortalizas, biocombustibles, café, entre otros, en los que Colombia tiene ventajas competitivas.
El gobierno espera que con el acuerdo se generen inicialmente 380.000 nuevos empleos, que la economía crezca por año 0,5 por ciento adicional, que se mejore la competitividad de las empresas¬, que aumente la inversión extranjera y que se tripliquen las exportaciones en los próximos cinco años. En Colombia, el acuerdo llega en momentos en que la economía crece a tasas cercanas al 6 por ciento anual, en que las exportaciones están en niveles récord con 56.000 millones de dólares y cuando la inversión extranjera va en aumento.
Pero no todo es color de rosa. También llegarán con cero arancel miles de productos de Estados Unidos que le harán una gran competencia a la industria nacional. Uno de los sectores en donde hay mayor preocupación es el agrícola ante el ingreso masivo de pollo, con 26.000 toneladas, productos lácteos, arroz, con 79.000 toneladas, carne, maíz, fríjol, entre otros productos. Varios de estos sectores le están pidiendo al Ministerio de Agricultura adoptar medidas de protección que eviten su desaparición.
Algunos analistas sostienen que el problema es que el país no se preparó con anticipación para afrontar esta competencia que se veía venir hace ocho años cuando despegó el proceso de negociación. Los sectores no se modernizaron ni se diversificó la oferta exportadora. Sergio Clavijo, director de Anif, ha señalado que la tardanza en la ratificación del TLC con Estados Unidos hizo perder un tiempo precioso en la consolidación de un sector exportador mejor balanceado, mientras que el presidente de Analdex, Javier Díaz, dice que ahora cuando llegó el momento de poner en marcha el acuerdo nos damos cuenta de que nos cogió la noche, que nos demoramos demasiado, que nos faltan muchas cosas por adecuar internamente. Se refiere al gran atraso en la modernización de las aduanas y, especialmente, en la infraestructura vial del país. Sin carreteras adecuadas será muy difícil llevar una mayor oferta exportadora hacia los puertos y de allí a Estados Unidos y si se hace será con mayores costos para los empresarios nacionales.
Pero otros aseguran que el TLC será un pretexto para que el país progrese y se desarrolle y para que por fin se hagan las megaobras que han estado pendientes por décadas, para que se mejore la infraestructura, se amplíe la capacidad de los puertos y aeropuertos y para que los empresarios sean más competitivos. En general afirman que abre un potencial amplio para que Colombia se transforme. Es la mejor excusa para dar un salto al siglo XXI, para elevar el nivel educativo de los colombianos; cerrar la brecha que el país mantiene en invocación, ciencia y tecnología; ampliar la oferta exportable y generar empleo. Si se hacen bien las cosas, paradójicamente también el sector agropecuario, que se siente amenazado, se puede convertir en un gran motor de crecimiento, como ya está sucediendo en Perú, así no todo sea por efecto del TLC.
Desde el punto de vista político, los países que tienen TLC con Estados Unidos han fortalecido esta relación bilateral, que para cualquier país es crucial. Incluso México, país que tuvo siempre una actitud de amor y odio hacia el coloso del norte, se ha convertido en un estrecho socio. Colombia tiene sólidos lazos diplomáticos con Washington, en especial desde la existencia del Plan Colombia desde hace una década. Con los intereses que se fortalecerán entre los empresarios de cada país, el matrimonio tendrá una suerte de blindaje frente a los sube y baja de otros tiempos.
El gobierno Santos tiene un gran desafío. Tendrá que mostrar su capacidad de ejecución y liderazgo para coordinar la transformación de la estructura productiva en muchos sectores, implementar reformas y modernizar las instituciones. Si el país aprovecha esta oportunidad que da el TLC, la espera habrá valido la pena. De lo contrario, se podría convertir en una de las mayores frustraciones y una verdadera amenaza para aquellos empresarios que no dieron el salto para ser más competitivos.
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