Organizaciones sociales  y representantes de los pequeños agricultores colombianos lanzaron una voz de alerta por las graves consecuencias que tendría el TLC en la producción agropecuaria. Advierten que el 70 por ciento de los pequeños productores saldrá afectado con el acuerdo comercial.

¿Se viene una catástrofe? 

No todos están celebrando con la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos. Hay un sector que desde cuando comenzaron las negociaciones del acuerdo ha lanzado voces de alerta por las consecuencias negativas que traerá para el país. Se trata del agropecuario, que ve “pasos de animal grande” ante la competencia con Estados Unidos.

 

Un estudio realizado por organizaciones sociales e internacionales como Oxfam –una agencia de cooperación presente en 99 países–, Planeta Paz y U. S. Office en Colombia, señala que los más golpeados con el acuerdo en el corto plazo serán los cultivadores de cebada, fríjol, trigo, maíz y arroz, y en el largo plazo los de carnes y pollos.

 

Los expertos en el tema Luis Jorge Garay y Fernando Barbieri revelan que las pérdidas netas para el sector con el TLC podrían ascender a 1,3 billones de pesos por la reducción en la producción. Ese es el caso del arroz, que podría ver reducida su área cultivable en 31 por ciento, o el maíz amarillo, con 19 por ciento. “La negociación agrícola en el TLC con Estados Unidos fue muy mala”, dijo Barbieri, quien aseguró que el 70 por ciento de los pequeños productores del campo se verán afectados en alguna medida con el acuerdo comercial, ya que a partir de este martes cientos de productos estadounidenses podrán ingresar con cero arancel al mercado colombiano. Y aunque en el papel se asegura que lo mismo pasará con los productos colombianos, el ingreso a este mercado de 310 millones de habitantes no será tan fácil por las drásticas medidas sanitarias y fitosanitarias que exige el país del norte.

 

Los más preocupados son los productores de carne y pollo, que afirman que no podrán exportar a este mercado porque las normas sanitarias se lo impiden. Pero al país sí entrarán estos dos productos. Estados Unidos tiene autorizado inicialmente enviar un contingente (cupo) de 6.400 toneladas de carne por año de cortes finos y 26.000 toneladas de cuartos traseros de pollo (pierna y pernil). Por eso estos dos sectores tienen que volverse más competitivos. El reto, para el caso ganadero, es tratar de instrumentar el modelo de producción como el de Nueva Zelanda, basado en un fuerte componente de productividad de pastos, mejoramiento genético, calidad y asociatividad.

 

Según el estudio presentado por Garay y Barbieri, actualmente hay seis millones de pequeños productores campesinos que reciben ingresos muy bajos. El 68 por ciento tiene ingresos mensuales de 340.000 pesos, es decir, muy por debajo del salario mínimo. Con la entrada del TLC sus ingresos se podrían disminuir adicionalmente en 16 por ciento.

 

Una preocupación adicional es que la entrada en vigencia del TLC se presenta en un momento crítico para el país debido al proceso de revaluación que lleva a que se abaraten las importaciones y se encarezcan las exportaciones. Por eso en los últimos días se han escuchado voces que le piden al Banco de la República adoptar medidas para detener la caída en el precio del dólar.

 

El propio ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, llamó la atención sobre el tema y dijo que el emisor “no puede pasar de agache” frente a la revaluación. “Revaluación y TLC no es una buena mezcla”, sostuvo el funcionario, quien señaló que buena parte del éxito de Perú, un país que tiene en marcha un TLC con Estados Unidos desde hace dos años, es que no dejó revaluar su moneda.

 

Restrepo llamó a los productores del sector agropecuario a competir más y no ser tan derrotistas. “Frente al TLC ni moridera de lamentaciones ni inacción indolente. Hay ventajas y riesgos para el agro. A utilizar las primeras y a controlar los segundos”, recalcó. El Ministerio sostiene que va a desplegar una serie de medidas con el fin de ayudar a los sectores más sensibles. El gobierno diseñó programas de apoyo específicos para generar mayor productividad, tecnología y asociatividad, como es el caso del incentivo a la asistencia técnicas, que contará inicialmente con recursos por 150.000 millones de pesos para este año, con el fin de ayudar a los pequeños productores.  

 

Pero no todos los sectores agropecuarios son perdedores en este acuerdo. Hay grandes expectativas con la producción de biodiesel, etanol, azúcar, tabaco y flores.

 

El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía, dice que el sector no puede caer en lamentaciones de lo que pudo haber sido y no fue, sino que debe mirar hacia el futuro cómo puede competir, de una manera pragmática. Destaca el hecho de que con el TLC se mantienen las preferencias arancelarias para cientos de productos colombianos y se establecieron unos tiempos de desgravación de entre 10 y 18 años para productos sensibles como arroz, pollo y carne, entre otros productos. A cambio, Colombia le permitió a Estados Unidos una desgravación inmediata para fríjol, trigo y sus derivados, cebada, algodón y avena, entre otros.

 

“El TLC plantea un reto de grandes magnitudes que el sector agropecuario desde la SAC y todos sus afiliados está dispuesto a asumir. Existe plena conciencia de los retos, oportunidades y amenazas que el esquema comercial impondrá a la agricultura colombiana”, dice Mejía, quien se muestra confiado de que con la ayuda del gobierno se logrará hacer los ajustes en el sector.

 

El tiempo será el único que podrá decir quién tiene la razón: si se cumplen los temores de los más pesimistas, que avizoran una catástrofe en el sector agropecuario colombiano, o de los más optimistas, que señalan que este se puede volver más competitivo y que logrará conquistar una mayor porción del mercado estadounidense.

 

 

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