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HOMICIDIOS SELECTIVOS

El ‘paraco’ loco

Tal fue el desenfreno que matar se volvió un gesto banal, más allá de toda lógica, como le pasó,  en diciembre de 2000, al pueblo antioqueño de Santo Domingo.

 

En el solo mes de diciembre del año 2000, alias 05, un paramilitar del Bloque Metro, asesinó a 29 personas. Su historia, con la que aún tiembla el pueblo de Santo Domingo, en Antioquia, es una macabra demostración de cómo la vorágine homicida en la que el conflicto armado sumió a Colombia fue mucho más allá del asesinato selectivo y las masacres.

 

Alias 05 solo estuvo tan solo tres meses en Santo Domingo, y dejó una huella imborrable en el pueblo, que todavía se estremece cuando lo recuerda.

 

Si no tenía motivos para asesinar se los inventaba. Un domingo en la noche, por ejemplo, mientras tomaba un coctel de cerveza, aguardiente y ron le advirtió a Mosco, el encargado de cobrar las vacunas, que mataría a todo el que pasara vestido de azul. Mosco se paró en la esquina a decir a los que vestían el color de la muerte que se cambiaran rápido y al resto que le ayudaran a pasar la voz.

 

En diciembre, 05 mató a 29 personas. Saúl Iván Agudelo, el Socio, que lleva 30 años atendiendo tabernas en el parque, recuerda que ese señor “de poncho, sombrero y guayos” bajó del bus a un muchacho de unos 16 años que iba a comprar medicina para una vaca enferma. “Te hacés motilar antes de volver a pasar por aquí o te mato”, le dijo. Como iba de afán y llevaba la plata justa para el encargo, el joven no lo hizo. Al volver, lo recibió la nueve milímetros del paramilitar. A Luis Builes lo mató el 23 de diciembre, en las afueras del pueblo, para robarle la quincena.

 

La última víctima de 05 fue Martha Suárez, dueña de la discoteca El Patio. La mató la noche del 31 de diciembre. Y con ella, selló su propia suerte.

 

Esa noche, 05 entraba a la discoteca, pedía La venia bendita o Linda mi negra dónde andará, su cerveza con ron y aguardiente y se iba un par de horas a otro negocio.

 

“Al tipo yo lo vi”, recuerda Ana Isabel Bedoya, la mamá de Marta. Ella estaba en una de las tabernas. “En esas entró un tipo alto, trigueño y de ojos claros. Descargó sobre el mostrador una pistola larga, blanquita. Amenazaba a cualquiera que se atreviera a mirarlo y les decía ‘No te gusté ¿o qué?’”. A las 12, Ana Isabel se fue a dormir. A las cinco de la mañana, un vecino vino a decirle que César, el esposo de su hija, la necesitaba con  urgencia.

 

“Me tiré un saco encima, salí y al voltear la esquina me encontré con César. ‘Doña Isabel mataron a Martha’. Corrí para la discoteca y antes de llegar me encontré al tipo en una moto y me dijo: ‘qué le pasó mi viejita, por qué va tan triste’ y yo le dije que me mataron a mi muchacha. No sabía que él era el asesino”.

 

Martha había vuelto a su negocio cerca de las cuatro de la mañana, para limpiar y volver a abrir a las ocho. El administrador la puso al tanto de que el paramilitar no los dejaba cerrar y que los hacía repetir la misma canción toda la noche. Algunos dicen que era La camisa rayada.

 

Cuando Martha llegó, bajaron la reja, pero detrás de ella venía su verdugo. “No hay servicio”, le dijo. “Para mí hay servicio a la hora que me dé la gana”, contestó él. Fue directo al mostrador, pidió su coctel y la canción. Marta le dijo que no estaban poniendo música.

“¿Usted no sabe quién soy yo?”, le preguntó el hombre y Marta pronunció sus últimas palabras: “No sé, ni me interesa”. El paramilitar le descargó varios tiros en la frente.

 

05 siguió bebiendo en otro negocio llamado La Barra, según los recuerdos del Socio. Un cabo de apellido Salazar “lo encañonó y pidió refuerzos”. En la cárcel, el delincuente gritaba que sus compañeros lo iban a sacar. Y sí. Jota, el segundo al mando del Bloque Metro lo liberó en medio de un tiroteo el 2 de enero a las cinco de la mañana. Cuándo 05 le pidió su pistola, Jota le respondió: “Yo te mandé fue a cuidar el pueblo, hijueputa, no a que acabaras con él”. Le disparó seis veces y lo dejó tendido en la acera.