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Diana Gómez, hija de Jaime Gómez, asesor de Piedad Córdoba, que apareció muerto en el Parque Nacional en Bogotá el 21 de marzo de 2006. Su familia asegura que fue asesinado. Medicina Legal dice que fue un accidente. Iván Cepeda, hijo de Manuel Cepeda, integrante de la UP asesinado el 9 de agosto de 1994. Camilo Umaña, hijo de Eduardo Umaña Mendoza, defensor de derechos humanos y abogado de las víctimas de la UP. Asesinado el 18 de abril de 1998. Yira Aristizábal, hija de Rosa Peña, tesorera de la Alcaldía de El Castillo, Meta, asesinada en la masacre de Caño Sibao, el 3 de junio de 1992. Era integrante de la UP. José Antequera, hijo de José Antequera, dirigente de la UP y del Partido Comunista. Asesinado el 3 de marzo de 1989 en el aeropuerto Eldorado de Bogotá. Yessica Hoyos, hija de Jorge Darío Hoyos, dirigente sindical de Fecode y Sintracarbón. Asesinado el 3 de marzo de 2001. (Foto: Juan Carlos Sierra/ SEMANA)

HOMICIDIOS SELECTIVOS

Hijos del conflicto

La violencia dejó a muchos hijos de defensores de derechos humanos, políticos, sindicalistas sin sus padres. Hoy lideran la lucha por la verdad de lo ocurrido y la reparación.

 

Todos, sin excepción, son hijos de padres o madres asesinados. Y todos se convirtieron en activistas de los derechos humanos que luchan para que el Estado reconozca las graves violaciones que ha cometido o que ha sido incapaz de impedir contra los grupos humanos y organizaciones políticas o sociales que han sido más afectados por el conflicto armado.

 

Son hijos e hijas de sindicalistas, de activistas de derechos humanos, de dirigentes y militantes de la Unión Patriótica. Otros grupos, como alcaldes, concejales, candidatos y funcionarios locales fueron objeto de un desangre sistemático, por parte de paramilitares, guerrilleros y agentes del Estado. Rivera aún recuerda la masacre de nueve de sus concejales. el 27 de febrero de 2006. La Organización Femenina Popular, de Barrancabermeja, tiene muchas víctimas y mujeres amenazadas. El mundo académico recuerda con dolor el asesinato de los investigadores Mario Calderón y Elsa Alvarado, en Bogotá, el 19 de mayo de 1997, entre infinidad de otros.

 

El homicidio selectivo se convirtió en un arma sistemáticamente empleada como herramienta de guerra sucia en Colombia. En todos estos casos, cae bajo la categoría de homicidio en persona protegida, que es un crimen de guerra.

 

Estos colectivos y miles e individuos han sufrido de manera sistemática una guerra sucia que ha dejado miles de muertos, exilados y amenazados en sus filas. Los hijos de muchos de ellos prosiguen su lucha y son un símbolo de la resistencia de la sociedad a la violencia.

 

 

Victoria Argotti, su padre fue asesinado. Ahora hace parte de un grupo de jóvenes que luchan por los derechos humanos.

Shaira Rivera, hija de Guillermo Rivera Fúquene, líder sindical asesinado.