Revista Semana

Secciones

Especiales Semana

Nada es color
de rosa

Crónica: Camila Restrepo

Fotos: Guillermo Torres

deslice

Un fin de semana del Día de la Madre normal era difícil encontrar estas flores a última hora. Pero con la cuarentena, miles se pudren en los cultivos porque no pueden exportarlas o no tienen cómo salir a venderlas. Así se “reinventa” la industria.

Apagar los cuartos fríos donde se conservaban millones de rosas que serían exportadas es la decisión más difícil que ha tomado Luis Felipe Ochoa desde hace 16 años cuando se volvió floricultor. “Es una decisión dura y me dio mucho guayabo”, dice. Sin embargo, no tuvo otra opción. Son más de 54 hectáreas las que tiene sembradas en Cogua, Nemocón, Sopó y El Rosal. Y aunque ha hecho lo posible por mantener la producción, en la que trabajan 464 familias, el número de clientes no es el mismo y el volumen de pedidos cambió. Dos semanas de marzo y abril se convirtieron, para él y los miembros del gremio, en días de terror. Las ventas se estancaron y se comenzó a perder mucha flor.

Colombia produce flores todo el año. Ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Holanda. Toneladas de rosas llegan a más de 100 mercados internacionales. San Valentín y el Día de las Madre son las fechas más importantes. Representan hasta la cuarta parte de las entradas anuales. Por eso, más de 290 floricultores se programan con disciplina cada año para sacar en esa temporada su mejor cosecha. Pero en 55 años de experiencia que ha forjado el sector, nunca se contempló un plan de respuesta a una emergencia como la que los empujó la crisis sanitaria mundial por el coronavirus.

“No pudimos operar en Detroit (Estados Unidos). Nos cerraron la tienda al ciento por ciento”, cuenta Ochoa que le respondió una clienta la semana pasada. “Estamos trabajando desde Chicago”, agregó. Él, sin embargo, sabe que no es lo mismo. El 97 por ciento de las flores colombianas se exportan y su caso no es la excepción. Según las cuentas de la Asociación Colombiana de la Cadena Productiva de Flores y Follajes (Caproflor), la agremiación a la que pertenece, del total de esa cifra el 80 por ciento termina en Estados Unidos. De ahí las repercusiones directas que tiene en la industria nacional cualquier medida que se tome en el norte para tratar de controlar la propagación del virus. “En California multaron a unos clientes”, le contaron.

Colombia produce flores todo el año. Ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Holanda. Toneladas de rosas llegan a más de 100 mercados internacionales. San Valentín y el Día de las Madre son las fechas más importantes.

Fotos: Alexandra Ruiz

toque para ver más contenido

Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana

Artículos relacionados

Al menos dos millones de tallos de Rosas del Neusa, su empresa, fueron a parar a las explanadas de compostaje. “Vamos a tener que botar más flor. Exporté un montón la semana pasada, pero estamos en pico de cosecha. Unas 400.000 irán a la caneca”, cuenta con tristeza. Pero esta última disposición no es la única que ha contemplado. Antes de que descubriera que hasta regalar cuesta, entregaron 100.000 tallos a enfermeras, médicos e iglesias en Bogotá y Zipaquirá. Incluso, muchos de sus trabajadores cargaron a sus casas lo que les cabía entre las manos. “Afuera de la finca pusimos un letrero: flores gratis”, recuerda. Aun así, fue mucho lo que terminó en abono.

En la capital, mientras tanto, la floristería de lujo Don Eloy ha hecho lo propio para mitigar el impacto de la cuarentena. Después de tender varios puentes, la tradicional compañía decidió donar miles de flores a clínicas y centros hospitalarios. Partiendo de los beneficios a los que están expuestos quienes las reciben, su directora Mónika Gómez, cuenta que pusieron en marcha varias campañas. “Una de ellas fue: ‘Aquí estoy, te estoy pensando’, dirigida a familias en recuperación. Además, rindieron un homenaje al personal médico de las Clínicas Santa Fe y Country. La otra fue ‘Pongo mi bandera’, que buscaba exaltar a quienes hicieron donaciones o contribuyeron sustancialmente a mitigar la crisis mediante campañas lideradas por la primera dama de la Nación”.

Flores de Serrezuela, que exporta a 15 países, recurrió a una estrategia similar. Con la campaña “Colombia cuida a Colombia” donó miles de rosas tipo exportación para que se entregaran a bajo costo en el Día de la Madre. El dinero recolectado será destinado al Banco de Alimentos con el propósito de donar mercados a familias vulnerables. “No se pude generalizar. Cada empresa sortea de manera distinta la situación, pero lo cierto es que todo el sector está golpeado. Incluso desde antes del confinamiento”, cuenta Ricardo Samper, gerente de esta compañía que sintió el primer golpe con la producción que tenía lista para enviar a Japón en marzo.

La floristería de lujo Don Eloy ha hecho lo propio para mitigar el impacto de la cuarentena. Después de tender varios puentes, la tradicional compañía decidió donar miles de flores a clínicas y centros hospitalarios.

Fotos: Guillermo Torres

toque para ver más contenido

Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana

Pero estas grandes superficies no son las únicas que han pasado trabajos y buscan salidas para enfrentar la emergencia. Ramiro, un floricultor de Zipaquirá que no está afiliado a ninguna agremiación, pero que lleva más de seis años surtiendo locales en Bogotá y vendiendo parte de su producción a quienes sí exportan, botó hace unas semanas 50.000 tallos. “El negocio está difícil. No hay a quien venderle. La gente está ahorrando para comer. Yo tenía cinco trabajadores, pero no tenía cómo sostener la nómina y apenas quedaron dos. Ni cuando empecé desde cero, que no sabía nada, me había enfrentado a una situación tan dura como esta”, cuenta. Dice que puede estirar los recursos hasta el próximo San Valentín, pero duda, si la situación se mantiene, que pueda pasar de allí. El momento que atraviesa la industria golpea más a unas que otras.

“Unas 400.000 irán a la caneca”, cuenta Luis Felipe Ochoa, floricultor. Esto ocurre porque millones de floristerías o supermercados donde iba a parar las rosas cerraron ante la emergencia del coronavirus.

Foto: Alexandra Ruiz

toque para ver más contenido

Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana

Que no se marchite el negocio

La demanda de rosas colombianas se redujo cuando las floristerías de todo el mundo cerraron. Esa fue la primera medida que se tomó, pero no es la única que viene causando estragos en el sector. Los eventos públicos quedaron cancelados. Las celebraciones están pospuestas. Los grados son virtuales y hay muy pocos matrimonios. Con el coronavirus circulando, millones de personas se resguardaron en casa para protegerse y los niveles de consumo se redujeron al mínimo.

Pero esa tendencia viene cambiado. A pesar de que para muchos las ventas durante el inicio de la cuarentena fueron casi nulas, desde hace un par de semanas ha habido un repunte. “El contexto últimamente ha sido positivo. No es ni será el mismo ritmo de años anteriores, pero es importante que haya movimiento. Inicialmente hubo una caída del 80 al 90 por ciento, pero ahora se ubica entre 30 o 50 por ciento”, explica Jairo Cadavid Ossa, presidente de la Asociación Colombiana de Viveristas y de Productores de Ornamentales (Colviveros). Y complementa Álvaro Villamizar, el director de Caproflor: “Nos reunimos con el alto Gobierno para articular un plan. Después de eso, lanzamos varias campañas. La respuesta llegó y empezamos a trabajar con los operadores logísticos”.

Esa misma lectura la tienen otros floricultores. En parte, creen que se debe a las medidas que han tomado para mitigar el impacto de la crisis, pero también a la reacción de los ciudadanos que confirmaron que las cadenas de abastecimiento operarían con normalidad. Después de “estar en un segundo plano, quienes están en casa notan que las flores dinamizan el ambiente en el hogar”, dice un empresario. “Son importantes en ocasiones especiales, pero en estos tiempos son un producto de consumo de mí para mí”, agrega otro.

Especiales Semana

El sector de la floricultura es el mayor generador de empleo rural por hectárea en el país. “Nos enfocamos en el mercado nacional. Hicimos alianzas y estamos incursionando en las ventas online con campañas en redes sociales”, explica Manuel Navarrete sobre las estrategias de su compañía para hacerle frente a la crisis.

Foto: Guillermo Torres

De acuerdo con Augusto Solano, presidente de Asocolflores, un reciente estudio demostró que las flores ayudan a bajar el estrés. Según esa lógica, decenas de productores que llevaban años exportando redirigieron su mirada a nivel local. “Una gran ventaja fue que en diciembre empezamos un proceso de sistematización. Remodelamos la página web. Abrimos redes sociales y estamos entregando nuestros productos a domicilio. Queremos que el país rompa el hábito de la flor de semáforo en la calle. Ahora tenemos la capacidad de que un ramo que se cortó el martes, llegue el 7 de mayo un hogar de cualquier parte de Estados Unidos”, cuenta Ochoa. Tal como sucede con el café, la apuesta es que los colombianos consuman lo mejor.

Paralelo a esa estrategia, y adaptándose a los protocolos de bioseguridad con el uso de termómetros y túneles de desinfección, varios empresarios han ajustado las operaciones en sus fincas. Esto les ha permitido movilizar un pequeño porcentaje de la producción, como le ha ocurrido a Rosas del Neusa. “Gestionamos el programa poquito pero sustancioso. Si vamos a exportar el 20 por ciento, que sea lo mejor. Varios empresarios nos unimos y juntamos rosas, astromelias y lirios”, dice su director. Aunque es mucho lo que se ha perdido, poco a poco ha exportado dos millones de tallos. “Las aerolíneas de carga nos han dado la mano”, agrega.

Eso mismo le ha sucedido a La Montaña, la empresa de Manuel Navarrete, en Gachancipá. “La semana pasada despachamos el último pedido a Estados Unidos, aunque con precios por debajo de lo histórico. En tiempo récord creamos un sistema de ventas online y hemos incursionado de lleno en el mundo de las redes sociales. Prácticamente se puede decir que creamos una línea de negocio completamente distinta”, explica. No se siente derrotado y espera que con buenas gestiones el gremio pueda salir intacto de la situación. “No todos estamos en capacidad de hacer donaciones. Yo, por ejemplo, necesito mantener los empleados y garantizarles condiciones dignas. Quien nos compra, así sea un ramo, está ayudando a garantizar el empleo de 70 familias que dependen de la compañía”, sostiene. Es enfático en que no ha despedido a una sola persona y para apoyarse accedió a uno de los créditos blandos que facilitó el Gobierno.

Mónika cuenta, por su parte, que en Don Eloy se han reinventado más de lo que alguna vez se habrían imaginado. Si bien es cierto que desde el nacimiento de la floristería se han enfocado en el mercado local, redefinieron las estrategias. “Hemos sido una empresa dedicada a flores de ocasión como cumpleaños, cenas, matrimonios y arreglos florales. Ahora pensamos más en quien está en casa y desea invertir en él. Llevamos la experiencia de la floristería hasta el hogar de los clientes. A través de plataformas como Zoom hemos realizado talleres y hasta celebraciones. Para la fiesta de la madre tenemos una buena preventa y todo ajustándonos a los protocolos de bioseguridad”, cuenta. Por ejemplo, rentaron tres bodegas para facilitar la manipulación de más de 3.500 obsequios que vendieron el domingo. “En una se descarga pedido, en la segunda se lleva a cabo el proceso de fabricación y en la última se despacha”, agrega.

Especiales Semana

Más de 140.000 personas dependen de la floricultura en el país. Es un sector que mueve anualmente por lo menos 1.500 millones de dólares.

Foto: Alexandra Ruiz

A prueba de todo

La floricultura intenta mantenerse a flote en medio de la sacudida que provocó la pandemia. El tema es clave. No solo por lo que representa esta industria, que exporta 1.500 millones de dólares al año, sino por las 140.000 personas que dependen de ella. Los empresarios creen que “evitar que colapse el sector es garantizar que no incremente el cinturón de miseria de Bogotá”. Lo dicen porque de la producción nacional de flores, 70 % se produce en la sabana, 27 % en Rionegro y el resto en el Eje Cafetero y el Valle. El sector es el mayor generador de empleo rural por hectárea en el país.

A diferencia de otros sectores, en este caso es imposible no operar. En semanas se perdería el trabajo de varios años. Por eso, los empresarios buscan salidas, mientras se apoyan en los reintegros de las ventas que hicieron en San Valentín y que se cotizaron más por el alza del dólar. Por ahora, para algunos de ellos acceder a préstamos no es una opción. Temen quedar endeudados y que las situación no mejore. “Esta semana nos enteramos de que habrá un subsidio directo de pago de nóminas a compañías que tengan afectación de hasta el 20 %. Eso es distinto. En un préstamo, uno igual tiene que abonar y eso afecta el flujo de caja”, explica Navarrete. De ahí que crea que se debe pensar en medidas de fondo y no solo aplazar el problema. En esa línea, cree que es importante vigilar qué y cómo se mueve el sector financiero.

Especiales Semana

Al menos dos millones de tallos de Rosas del Neusa fueron a parar a las explanadas de compostaje. Aunque regalaron 100.000 al personal médico, fue imposible rescatarlas para que no terminaran en abono.

Foto: Guillermo Torres

ocultar

Entre otras soluciones, exploran la posibilidad celebrar una segunda fecha del Día de la Madre en el segundo semestre del año o incluso impulsar otra iniciativa especial. Están convencidos de que una vez se supere la crisis el sector sabrá recuperarse y se reactivará. Las cartas están sobre la mesa. Sienten que todo está por hacer, más cuando se vienen meses como junio y julio, que históricamente han sido difíciles, y ahora no saben cómo se comportará la pandemia. “Tenemos que estar unidos porque todos como gremio podemos hacer mucho más”, concluye Samper.


En video

Nada es color de rosa

“En los próximos meses es que vamos a sentir el hueco”

Antes de que muchos floricultores se enfrentarán a la idea de que el coronavirus no era un evento lejano como muchos creían, José Antonio Restrepo se preparó para lo peor.

“Apenas nos vamos a enfrentar a los más difícil”, responde José Antonio Restrepo cuando le preguntan por los estragos que el coronavirus ha provocado en la industria de la floricultura en el país. Las décadas que lleva en la industria, son un pase para hablar con propiedad. Ha rescatado infinidad de veces la producción de las heladas de la sabana. Ha salido en busca de nuevos mercados en Asia y Oceanía. Y, encontró una solución para mitigar el impacto del dólar entre los productores cuando la tasa de cambio no prometía. Sin embargo, en todos esos años, nunca se había subido a una montaña rusa como en la que vive desde que estalló la pandemia.

Aunque es un asiduo consumidor de información, hace varios meses este floricultor “vive de noticias”. Unos días son positivas, pero otros lo arrastran hasta el fondo. El vértigo que esa sensación le produce, lo tiene desde hace varias semanas dubitativo: ¿Cuál es el comportamiento del consumidor?, ¿La gente cambió sus hábitos?, ¿estarán todavía interesados en comprar flores, ¿qué tan afectada estará su economía? o ¿simplemente querrán comprar otra cosa y las flores están en un segundo plano?, es lo que lo inquieta. Más, desde cuando se enteró que no era un evento “lejano” como creía.

El instinto se le despertó a inicio de año. Mucho antes de que en el país se conociera el primer contagio. Lleva varios años comercializando sus productos a Japón y Corea. Precisamente, esa constante interacción le ayudó a dimensionar lo que estaba pasando para empezar a trabajar en una solución. “Nunca me cancelaron. En medio de toda la emergencia que están viviendo siempre me compraron. Sin embargo, los volúmenes de las órdenes se redujeron considerablemente. Se mantenían pero en una proporción menor a lo que veníamos manejando”, explica el director de la comercializadora Ayurá.

Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana

Cuando menos pensó la tendencia no solo se replicaba en esos países, hasta donde había llevado las flores que siembra en 30 hectáreas de la sabana, sino que ya tocaban la puerta de Italia, España, Alemania y Holanda. “Nos cerraron los mercados”, dice aterrado. Pero lo peor estaba por venir. La plaza más importante para el 97 por ciento de productores que exportan en el país: Estados Unidos, también cambió las reglas de mercado para contener la propagación del virus. Esa decisión, fue un duro golpe para los cultivos. “Las flores no son un elemento de primera. Entonces, los supermercados, que son el canal más importante de venta, prescindieron del producto”, agregó.

Ante ese escenario, le resultaba imposible seguir operando con los costos que traía. Para hacerle frente a la situación, tomó varias medidas a corto plazo. Un porcentaje de sus trabajadores salieron a vacaciones y se quedó con los estrictamente necesarios para mantener el funcionamiento. Además, abandonó áreas de producción en las que no veía expectativa de venta. “Para qué sigo invirtiendo dinero y recursos si no voy a lograr nadar. La idea es recuperar espacios más adelante. Por ahora me ajusté a un tamaño que me permita sobrevivir. Mi angustia más grande es el flujo de caja, conservar mi gente y tener con qué pagarles la nómina”, fue lo que pensó cuando tomó la decisión.

Como muchos miembros del sector, Restrepo también reacomodó su línea de negocio. Se alió con un comprador que conoce desde hace 20 años e incursionó en un mercado que le resulta novedoso. “A él le llegó su cuarto de hora. Venía trabajando en una plataforma web donde vendía sus productos a escuelas y restaurantes de manera ordenada y creciendo poco a poco,” relata. Pero cuanto todo esto se precipitó, no dudó en lanzarle la pregunta. “Él tenía la infraestructura montada y con todo esto se convirtió en el canal ideal para llegar a los clientes. Trabajamos de la mano. Vamos 50 – 50”, le decía en un momento. Pese a los riesgos que corrió y después de que Estados Unidos flexibilizó las reglas del mercado, logró comercializar el 70 por ciento de la producción que tenía planillada desde el año pasado.

Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana
Especiales Semana

“En esta coyuntura y en estas circunstancias, me doy por bien servido. Hay otras industrias más golpeadas”, dice. Pero “ahora se viene lo más complicado. De alguna forma veníamos con cierta inercia. En los primeros meses nos fue bien y por estas semanas andábamos recaudando lo que habíamos comercializado. Es decir, nos estaba entrando plata. Este mes todo cambió. Casi no entró dinero porque las ventas se redujeron drásticamente. En los próximos meses es que vamos a sentir el hueco”, explica preocupado.

Como colchón ante la crisis, los floricultores no solo voltearon a ver al mercado local que por estos días viene consumiendo un producto que históricamente ha sido de exportación, sino también se reinventan entre algoritmos y estrategias de comunicación. Asocolflores, la asociación a la que pertenece, “ha sido clave en todo esto. Se está haciendo una labor invaluable por el sector con campañas, promociones y encuentros de alto nivel para buscar un alivio para el sector”, explica. Al igual que Restrepo son centenas de productores colombianos los que tienen puestas las esperanzas en que podrán sortear con éxito la crisis.

Contenido relacionado