image

Desminar la tierra y los corazones

Holmes Fabián Ordóñez tuvo el coraje para sobreponerse después de perder una pierna por una mina antipersonal. Ahora trabaja en el desminado humanitario junto a un reinsertado de las Farc que elaboró y sembró miles de estos artefactos.

“¡Fabián! ¿Usted está loco o qué? ?¡Cómo se le ocurre trabajar en eso! ¿No le bastó con perder una pierna en una mina para arriesgar su vida en el desminado?”. Eso le dicen familiares y amigos a Holmes Fabián Ordóñez cuando habla de su trabajo en la Campaña Colombiana Contra Minas. A él, un joven nacido en San Vicente del Caguán, esta situación siempre le causa risa “porque es la reacción obvia de las personas que no comprenden el sufrimiento por el que uno pasó. No entienden que andar tres o cinco horas por los campos identificando, junto con los habitantes, las zonas donde hay minas es un acto de valentía y de amor que busca evitar que otros sufran la tragedia que yo padecí”.

Cada vez que Fabián se pone la prótesis para iniciar sus labores, ahora en Algeciras (Huila), siempre recuerda el trágico día en el que, frente a la casa cural de la inspección de Guayabal, del municipio de San Vicente del Caguán, pisó una mina que le destrozó la pierna derecha hasta la rodilla. Un día antes, el 25 de octubre de 2010, había regresado de Neiva a su pueblo tras terminar uno de los ciclos de carrera técnica en gestión ambiental que cursaba en el Sena.

Su madre, hermanos, familiares y amigos festejaron esa noche. Al otro día, madrugó para ir a la casa cural. Tenía que hablar con el padre para iniciar un proyecto de “embellecimiento del pueblo aplicando los conocimientos que había aprendido” y así graduarse. Cuenta Fabián que antes de llegar a su trágico destino se sentó en un banco del polideportivo, a unos 40 metros de la iglesia, y comenzó a recordar episodios de su infancia. “Ahora creo que esos recuerdos parecían una premonición”. Después de reflexionar, se paró de la banca y caminó hacia la curia. A dos metros de la entrada sintió una gran explosión. Eran las 10:30 de la mañana.

El Ejército lo recogió y lo trasladó al dispensario militar de San Vicente, pero por la gravedad de las heridas tuvieron que llevarlo, inconsciente, a una clínica en Florencia donde le amputaron la pierna y permaneció alrededor de 20 días en la unidad de cuidados intensivos.

A la tristeza de la familia se sumó la angustia por las amenazas de las Farc. Dos días después del accidente, guerrilleros le dijeron a la familia que los iban a matar por haber aceptado la ayuda del Ejército. Ahí comenzó su desplazamiento hacia Neiva, donde actualmente viven.

Sin un peso, Fabián, sus tres hermanos y su mamá comenzaron una nueva vida. “En Neiva entendí que estaba viviendo un nuevo nacimiento y me mentalicé para volver a caminar y a correr, porque durante el bachillerato en Guayabal fui muy buen deportista. Afortunadamente, las puertas de instituciones como el Comité de la Cruz Roja y la Unidad para las Víctimas se me abrieron y con ellas comencé mi proceso de recuperación”.

Fabián comenzó a estudiar Gestión de Mercados en el Sena, al tiempo que continuaba con su rehabilitación. Aunque parezca increíble, tuvo que enfrentarse a toda clase de trámites burocráticos para obtener una prótesis y buenos servicios médicos y psicológicos. Sin embargo, se dio cuenta de que muchos otros también habían sido víctimas de minas antipersonal y que se encontraban en una situación más desfavorable que él. Entonces, decidió compartir su experiencia con ellos y congregarlos en la Asociación de Sobrevivientes de Minas Antipersonal, Artefactos Explosivos Improvisados y Munición sin Explotar, de la que es presidente y que se encarga de acompañar a sus miembros en diversos procesos de la rehabilitación como la solicitud de prótesis.

En 2015 obtuvo su grado, pero la felicidad de este triunfo se truncó por la discriminación que sufrió a la hora de encontrar un trabajo formal. “Fue muy difícil porque muchas empresas me discriminaron. Cuando iba a presentar una entrevista me decían: ‘usted no puede trabajar con esa limitación o qué tal que le pase algo y terminemos siendo culpables’”, comenta. Finamente, Apuestas Nacionales de Colombia le dio la oportunidad y lo contrató como asesor comercial.

  • images

    Holmes Fabián Ordóñez perdió una pierna en 2010 al pisar una mina antipersona en la inspección de Guayabal, San Vicente del Caguán. Ahora trabaja en desminado humanitario en Algeciras, Huila.

  • images

    Fabián, recorre las veredas Algeciras con Eider Andrés Tovar, un reinsertado de las FARC, para detectar las zonas contaminadas con minas antipersonas o municiones sin estallar.

  • images

    La información de los habitantes de las veredas es fundamental para establecer las áreas que se deben descontaminar.

  • images

    Luego del estudio no técnico realizado por Fabián y sus compañeros, expertos en explosivos desactivan las minas o la munición.

  • images

    Con la firma del acuerdo de paz con las Farc, en septiembre de 2016, Algeciras hizo parte de los 199 priorizados por el gobierno nacional para el desminado humanitario.

Al tiempo que trabajaba en Apuestas Nacionales, Fabián mantuvo sus actividades en la asociación. Fue así como conoció a funcionarios de la Campaña Colombiana Contra Minas, una ONG que para la época acompañaba a víctimas de este tipo de artefactos en el departamento del Huila. Al ver su liderazgo entre las víctimas de minas antipersonal, le ofrecieron trabajar con ellos como voluntario en programas de la ONG.

Por la época en la que Fabián comenzaba su nueva vida, a inicios de 2011, otro joven, Eider Andrés Tovar, abandonaba la ciudad para trabajar en la construcción de la represa de El Quimbo. A los 14 años había ingresado a las Farc; con ellos se especializó en fabricar artefactos explosivos, minas antipersonal, cilindros bomba para sembrarlos en sitios estratégicos.

Eider dice que cuando instalaba un artefacto, lo hacía porque creía que estaba defendiendo su vida y la de sus compañeros. Era la lógica de la guerra. Hoy, con un profundo arrepentimiento, dice que “cuando un soldado caía en una mina, me sentía orgulloso no solo porque estaba dando buenos resultados en lo que me entrenaron sino porque estaba salvando mi vida o la de mis compañeros”.

En 2008, la presión y los constantes operativos del Ejército en la zona de San Vicente del Caguán llevaron a Eider y a cinco compañeros a desmovilizarse. Para evitar retaliaciones, se fue a Neiva donde trabajó en un supermercado hasta cuando viajó a El Quimbo, donde trabajó tres años y después se fue a buscar destino en Algeciras.

Este municipio se encuentra en un corredor estratégico que une el interior del país con Caquetá, y su control era un objetivo militar de alto valor para las Farc. Para evitar el avance del Ejército, que finalmente ocurrió, esta organización sembró miles de minas. Por eso, Algeciras se convirtió en uno de los municipios del país con mayores incidentes causados por estos artefactos. Con la firma del acuerdo de paz con las Farc, en septiembre de 2016, este municipio hizo parte de los 199 priorizados por el gobierno nacional.

En noviembre de 2016 la Campaña Colombiana Contra Minas llegó a Algeciras para adelantar estas labores. Realizó una convocatoria para conformar el equipo en la que resultó elegido Eider; además, invitó a Fabián para trabajar con ellos como investigador de estudios no técnicos, que consiste en identificar las zonas contaminadas en donde después debe llegar el equipo profesional para hacer su trabajo.

Cuando se conocieron, a comienzos de 2017, empezaron a recorrer las veredas sin saber mucho el uno del otro. “Entablamos conversación y nos contamos nuestras historias. Fabián me contó lo que le había ocurrido, y para mí fue duro contarle la mía porque yo pertenecí al grupo que colocó la mina en la que él cayó. No sabía qué reacción podría tener cuando se enterara de quién había sido”, cuenta Eider.

Finalmente, de acuerdo con la versión de Fabián, “en medio de un descanso, Eider me puso la mano sobre el hombro y me dijo: ‘Quiero pedirle perdón, porque pertenecí a un grupo de las Farc que operó donde usted tuvo el accidente. Yo armé y puse miles de minas antipersonal’”. En ese momento Fabián quedó congelado, “pero estaba psicológicamente preparado, de hecho estaba esperando el momento para encontrarme con un miembro de esa guerrilla”.

Hoy, durante 21 días al mes sin descanso, Fabián y Eider recorren las 69 veredas de Algeciras para hablar con la comunidad y recolectar información que les den pistas sobre sitios en los que pueda haber sembradas minas o artefactos sin explotar. Los dos se sienten orgullosos de lo que hacen. Saben que gracias al perdón y a la reconciliación que hubo entre ambos es posible el éxito de su trabajo.

Para Eider, participar en el desminado de Algeciras es una manera de “reparar a las víctimas, a personas que estuvieron 53 años metidas en medio de un conflicto”. Por su parte, la principal motivación de Fabián es que ninguna persona pase por lo que vivió en 2010. Por eso le responde a los que creen que él está loco por participar en el desminado humanitario que “si muero por pisar un mina, me voy de este mundo feliz porque es algo que hago de corazón y para salvar la vida de otros”.

CON EL APOYO DE:

logo

CRÉDITOS

Editor general /Jose Fernando Hoyos Coordinador editorial /Jorge A. Cote R. Redacción /Daniel Rivera Marín, Luis Murcia, Tadeo Martínez
Director general de video/ Eduardo Andres Contreras Realizadores/Andrés Barajas, Cristian Leguizamón Fotografía/ Esteban Vega La Rotta,
León Darío Peláez, Pablo Andrés Monsalve Director General Multimedia/ Ricardo Galán Editor Multimedia / Jóse Barrera
Diseño UX-UI/ Stéphanie Carvajal Arenas Desarrollo Front End/Juan Felipe Guillén