Claudia Correa tuvo que abandonar en 2011 su casa en la comuna 13 de Medellín para salvar la vida de sus hijos. Con la tenacidad que la caracteriza, convirtió el infortunio en esperanza y hoy es una exitosa emprendedora y microempresaria.
Cuenta la historia de su vida con precisión quirúrgica: sin drama, sin adjetivos, con las palabras exactas y la fortaleza de quien es capaz de asumir de nuevo su destino tras sobrevivir a la creciente. Dice: “Soy cabeza de hogar, madre de dos jóvenes. Soy diseñadora, costurera y emprendedora. Fui víctima de desplazamiento intraurbano de la comuna 13, durante el oleaje de asesinatos de raperos. Mi hijo, Diego Mauricio, tenía un grupo de rap que se llamaba Esk Lones, del que mataron a tres integrantes y seguía él”. Su vida, sobre todo, es la historia de una redención.
Esk Lones nació en la comuna 13 de Medellín después de las guerras que le siguieron a la Operación Orión, que facilitó que el bloque Cacique Nutibara de las AUC se quedara con el control de los barrios de esta populosa zona de Medellín. Las letras de Esk Lones reflexionaban sobre la vida del barrio, del abandono social, de los sueños, de cómo los combos delincuenciales sometían (como hoy) la vida de muchos. Estas canciones les granjearon enemigos que no soportaban las críticas, en especial, las que llamaban a los muchachos a cambiar el revólver por el micrófono.
Así empezó una seguidilla de asesinatos que consternaron el barrio y la ciudad, lo que desencadenó marchas de protesta y batidas policiales. El 5 de agosto de 2010 asesinaron a Marcelo Pimienta, conocido como MC Chelo. El 13 de marzo de 2011, a David Fernando Romero, rapero conocido como el Gordo. Los dos de Esk Lones. Y el 27 de marzo cayó Daniel Alejandro Sierra Montoya, conocido como Yhiel, un rapero que apenas terminaba el colegio y que iba a grabar un video con Ska Lones.
“Por esa causa tuvimos que salir de la comuna 13. Fue algo muy difícil porque ahí tenía mi casa, mi vida. Mis hijos, Diego Mauricio y Sara Melisa, se habían levantado ahí. Fue muy difícil volver a empezar, pero las fuerzas y el motor eran mis hijos, que me ayudaron a salir adelante”, dice Claudia Correa con su tono mesurado. Por esos años todo se hacía más difícil, porque recién le habían detectado cáncer, y en medio de esa enfermedad tuvo que huir. Tomó a sus dos hijos y a los ochos integrantes de Ska Lones y buscaron una casa en otro barrio de Medellín.
“Yo salí a vivir con todos porque, de lo contrario, serían otras ochos familias desplazadas. Estuvimos viviendo casi diez personas en una misma casa. Nosotros le decíamos la casa estudio. Cada uno tenía sus responsabilidades y deberes. Pegábamos hojas en las puertas con lo que cada uno tenía que hacer. Fue una época muy bonita. Ellos tenían un pequeño estudio de grabación en esa casa y a mí me empezó a gustar el rap”.
Eran épocas difíciles para Medellín. Según cifras de la Personería Municipal, para 2011, cuando Claudia dejó su hogar, de desplazaron 2.681 mujeres y 1.581 hombres. En total, ese año, incluyendo niños y jóvenes, 8.434 personas tuvieron que dejar sus casas por amenazas y conflictos en los barrios periféricos. En 2013 se reportaron 5.017 personas desplazadas, 2.739 mujeres y 2.278 hombres. En un estudio publicado por el Instituto Popular de Capacitación (IPC), el desplazamiento intraurbano afectaba en su mayoría a las mujeres, muchas veces cabeza de hogar, que debían salir de sus barrios con sus hijos.
Extrañamente, la tragedia le trajo a Claudia buenas cosas. “Se me abrieron las puertas. La Unidad para las Víctimas me dio una ayuda económica y de ahí nació mi primera marca textil que llamé Claudia Espinela, de blusas y piyamas de dama. Con ese proyecto duré nueve meses. Cuando terminé, preparé uno para el programa Capital Semilla de la Alcaldía de Medellín, en el que concursé con la marca Prenda Seco, hecha con tela de material reciclado con la que hago camisetas y buzos. Con esa marca visto a los chicos cuando cantan, así me hacen las pruebas y me dicen cómo se sienten, si es cómoda, si da calor, si produce sudor”.
Antes, en la comuna 13, Claudia era así de creativa, se inventaba nuevas prendas, cosía, vestía a sus hijos, pero no encontraba quién la apoyara. Y ella, que siempre ha creído que con cada caída viene la oportunidad de levantarse, quiso probar suerte después del desplazamiento. Quiso doblar la apuesta de su vida. Así, pudo homologar en el Sena 25 años de conocimiento empírico en el diseño de ropa. Esto le permitió entrar al Fondo Emprender del Sena y sacó la marca Seguridad y Confort, idea por la que le otorgaron 57 millones de pesos que ejecutó a cabalidad. Esto le permitió tener una empresa con 14 máquinas y 8 empleados, casi todas mujeres cabeza de hogar y desplazadas.
Para salvar a sus dos dos hijos y a los ochos amigos de ellos que integraban el grupo de rap Esk Lones, Claudia Correa abandonó su casa y pertenecías en la Comuna 13.
“Soy cabeza de hogar, madre de dos jóvenes. Soy diseñadora, costurera y emprendedora. Fui víctima de desplazamiento intraurbano de la comuna 13, durante el oleaje de asesinatos de raperos”.
Luego de la tragedia del desplazamiento Claudia, creó la marca de ropa Seguridad y Confort y ahora cuenta con un taller 14 máquinas y 8 empleados, casi todas mujeres cabeza de hogar y desplazadas.
“Me siento feliz, plena, desarrollada como persona, no soy profesional, pero tengo mucho aprendizaje y no quiero que nos quedemos con la lástima de lo que nos pasó en algún momento de nuestras vidas, quiero mejorar y progresar, ser exitosa”.
“Han sido difíciles para mí los golpes de la vida. Caer y levantarme. En el momento tengo mi marca y la venden en almacenes de la ciudad. Y todos los días salgo y visito médicos, ‘spa’, institutos… nunca paro. Esta es una forma de dar ejemplo de vida, que uno no puede desfallecer. Levanté a mis hijos sola y ellos hoy ya están casados y organizados. En el momento estoy trabajando con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que en alianza con Propaís hicieron un proyecto llamado Línea Moda. Este acompaña a la marca de ropa Pacíficamente, que estuvo en Colombiamoda con dos colecciones. Ahí nos apadrinó Juan Pablo Socarrás. O sea, estamos hablando de víctimas que diseñan y llegan a exponer en los mejores niveles de la moda. ¿Cuándo me iba a imaginar yo que iba a estar en proyectos tan importantes?”.
“Pacíficamente, el proyecto del gobierno, es mi sueño de poder transmitir mi conocimiento, aportar ideas e innovar, comercializar y posicionar una marca nuestra, propia de las víctimas del conflicto y que nos permita ser reconocidos en el mundo y competir en las grandes superficies”. Claudia ve con optimismo la oportunidad de sacar adelante una propuesta que una a las víctimas y fortalezca sus vidas, pues le parece triste que las personas tenga que quedarse eternamente en esa condición y, lo que considera peor, como dependientes del Estado.
Su vida de tanto empeño, de tantos esfuerzos, le prohíbe quedarse con las manos cruzadas. “Me siento feliz, plena, desarrollada como persona, no soy profesional, pero tengo mucho aprendizaje y no quiero que nos quedemos con la lástima de lo que nos pasó en algún momento de nuestras vidas, quiero mejorar y progresar, ser exitosa”.
De los años del rap apenas quedan algunos recuerdos y canciones. Es difícil continuar los sueños de juventud cuando llegan las obligaciones: la familia, los hijos. Sin embargo, de esa época queda el recuerdo de la responsabilidad compartida. “Amo a todos esos niños y todos me dicen madrina porque les ayudé y ellos me enseñaron muchas cosas. Me siento muy orgullosa porque pude dejarlo todo para protegerlos. Sí, me duelen esos tres muchachos a los que asesinaron, pero eran cosas que nosotros no podíamos enfrentar. Ya todos están organizados. El último que me quedó fue un niño de 13 años que ya tiene 21 y trabaja. Me siento orgullosa de haber aportado a la vida de esos hijos”.
Recuerda su última noche en la comuna 13. Ya todos los muchachos habían escapado, pero quedaba Claudia en la casa, empacando las últimas cosas en cajas mientras escuchaba cómo afuera los pandilleros fraguaban sus fechorías. El futuro, que en ese momento se veía tan oscuro, le deparaba algo muy diferente. “No me imaginé que estaba empacando para retomar mi vida, para tener mil oportunidades más”.
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