En Bogotá hay 250.000 sumideros por donde ingresan las aguas lluvias al sistema de alcantarillado. Colillas y botellas entran a estas estructuras, y luego de pasar por alguno de los 10.600 kilómetros de tuberías, llegan al río Bogotá. Crédito: Nicolás Acevedo Ortiz.
Capítulo 2: Cuenca MEDIA

La ruta de la colilla

Cerca de 95 millones de colillas de cigarrillo son arrojadas cada año a las calles bogotanas en los sitios más rumberos, residuos que viajan a través del sistema de alcantarillado para terminar en el ya contaminado río Bogotá. En su recorrido, aves, peces y tortugas confunden estas basuras tubulares con alimentos, incrementando su posibilidad de morir.


Cada día, los más de 9 millones de habitantes de Bogotá generan en promedio 7.000 toneladas de residuos sólidos, una montaña de basura equivalente al peso de 1.000 elefantes y con la que podría llenarse Monserrate en 12 años. Aunque la mayoría logra ingresar al Relleno Doña Juana para su disposición final, algunos desechos quedan a la deriva en las calles bogotanas.

Las colillas de cigarrillo son uno de los residuos que más abunda en la urbe capitalina. Según un estudio de la Universidad Piloto, Bogotá genera al año 720 millones de “chicotes”, equivalentes a 122 toneladas, de los cuales casi 95 millones son arrojados en las vías y andenes de las zonas de bares y discotecas más populares.

Bogotá cuenta con 250.000 sumideros por donde ingresan las aguas lluvias mezcladas con todo tipo de basuras

En época de lluvia, estos desechos ingresan al sistema de alcantarillado de la ciudad, conformado por 10.600 kilómetros de tuberías ubicados bajo los pies de los habitantes, una red que equivale a viajar 10 veces desde Bogotá hasta Cartagena. La mayoría nada por los 4.000 kilómetros de tubos de aguas lluvias, pero algunos logran ingresar a los 6.000 exclusivos para descargas residuales y combinadas.

El destino final de estas colillas es el ya contaminado río Bogotá, que en su cuenca media es alimentado por las descargas de los ríos Fucha, Tunjuelo y Salitre, a donde llegan los vertimientos de toda la red de alcantarillado. Sin embargo, algunas quedan confinadas en los 15 humedales del Distrito, y son confundidas como alimento para las aves y otros animales que allí habitan.

Francisco Castiblanco, director operativo de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), explica cómo es la ruta de una colilla desde que es arrojada en la calle hasta su posible llegada a las aguas del río Bogotá, en épocas de lluvia.

“Cuando un residuo, ya sea una colilla o un papel, atraviesa las redes de alcantarillado, termina depositado en el río Bogotá, originando acumulación de residuos que genera contaminación ambiental, y por su descomposición, malos olores que pueden producir enfermedades respiratorias de las poblaciones asentadas en sus inmediaciones”.

A lo largo de la ciudad hay cerca de 250.000 sumideros, que la ciudadanía los ve en los muros de los andenes tapados por rejillas. Por ahí es donde ingresan las aguas lluvias para luego seguir por el sistema de tuberías, enterradas a ocho metros y con dimensiones que van desde las ocho pulgadas de diámetro (20 centímetros) hasta los tres metros.

Estas estructuras desembocan en diversos interceptores, que a su vez conducen las aguas lluvia y residuales a los ríos Fucha, Tunjuelo y Salitre. Las colillas y demás residuos que son arrojados en las calles, son transportadas por estas tuberías.

Por los ríos Fucha, Tunjuelo, Salitre y Bogotá, hay 17 estaciones elevadoras con zonas de cribado, donde el Acueducto realiza una retención de los sólidos grandes. Pero debido a la cantidad de basura que es transportada, estas infraestructuras colapsan con las lluvias y los residuos siguen su curso hacia el río Bogotá, que luego desembocan en el río Magdalena y finalmente en el océano Atlántico.

“Hoy en día, si una persona arroja un papel o una colilla en la calle, todos van a terminar en el río Bogotá. El tiempo de viaje por las tuberías varía según la zona, pero podría oscilar entre las 10 y las 28 horas, al igual que la distancia, que cambia dependiendo del lugar donde sea arrojado el residuo. Por ejemplo, algunas pueden terminar en los humedales, que también son nutridos por los canales principales”, dice el experto.

Por canales como estos viajan las colillas de cigarrillo y demás residuos que botan a las calles los habitantes de Bogotá. Algunas quedan atrapadas en los humedales, pero la mayoría desemboca en el río Bogotá y pueden llegar hasta el Magdalena. Crédito: Nicolás Acevedo Ortiz.

En época de sequía, las colillas arrojadas por los bogotanos no alcanzan a llegar hasta los ríos urbanos, pero sí quedan estancadas en los sumideros. “La gente nunca para de botar residuos a las calles. Entonces, en época seca, las colillas, plásticos y tetra pak, taponan los sumideros y quedan acumuladas en las tuberías. Por eso las primeras lluvias son las más catastróficas, porque al estar taponadas estas estructuras, aparecen los desbordamientos e inundaciones”, anotó Castiblanco.

Al año, el Acueducto realiza una limpieza constante de los 250.000 sumideros de Bogotá. Sin embargo, debido a la cantidad de basuras, este ejercicio es casi semanal en algunos, como los de la Avenida Boyacá.

El año pasado, la empresa sacó 150.000 toneladas de basuras de los 250 kilómetros que conforman las quebradas, vallados y ríos urbanos de Bogotá. “En 2018 limpiamos 740 kilómetros de estos cuerpos de agua, es decir que cada kilómetro físico real fue limpiado tres veces al año. También extrajimos 5.500 llantas y podamos 3,5 millones de metros cuadrados de césped en sus zonas de ronda”, concluye el funcionario.

Ciudadanos, los culpables

Aníbal Acosta, director del Fondo para las Inversiones Ambientales de la cuenca del río Bogotá de la CAR, aseguró que bajo la ciudad transitan a diario miles de residuos como colillas, una problemática que sólo podrá subsanarse si la ciudadanía cambia su conducta. “La mayoría no lo ve como algo grave, pero estos residuos viajan por todo el sistema de alcantarillado, lo colapsan y aumentan la contaminación de los ríos urbanos y el Bogotá. Lo ideal es que por los sumideros solo baje agua lluvia sin ningún tipo de basura, pero eso no pasa”.

Según Acosta, antes de las desembocaduras de los ríos Fucha y Tunjuelo, hay varios tanques de tormenta, ampliaciones en los cauces donde son retenidos los residuos sólidos. “Pero estas infraestructuras no dan abasto por la cantidad de basura que llega con el agua lluvia, por eso casi siempre están colmatadas. Si el Acueducto no hace una limpieza de estas zonas, el panorama sería aún más crítico”.

Las colillas de cigarrillo arrojadas en las calles, tienen como destino final los océanos

Un caso emblemático para el funcionario es el canal de Córdoba, antes de su ingreso al humedal. “Allí instalaron una rejilla para evitar que la basura de mayor tamaño entre al ecosistema. Pero hay épocas que esa zona colapsa y las basuras aparecen por todo lado. La solución es no botar basura en la calle, que, aunque suene fácil, es el trabajo más complicado. La gente se molesta si alguien le dice que no bote basura, y aparecen acciones violentas. Por eso, la educación ambiental debe empezar con los niños, para que ellos les digan a sus padres que ese accionar está mal”.

Cuando una colilla logra atravesar el sistema de alcantarillado y queda depositada en el río Bogotá, surgen múltiples escenarios catastróficos. En la cuenca media, puede llegar una garza o una tingua y comérsela. Si llega al río Magdalena, una tortuga charapa la puede confundir con un pez y la ingiere, incrementando su vulnerabilidad a morir. Lo mismo ocurre con la fauna que habita en los mares.

150.000 toneladas de basuras sacó la EAAB de los 250 kilómetros que conforman las quebradas, vallados y ríos urbanos de Bogotá el año pasado. Crédito: EAAB

Esta problemática es planetaria. Según un estudio del proyecto Libera de SEO/Birdlife, en el mundo son vendidos más de 6 billones de cigarrillos al año, de los cuales 4,5 billones quedan en algún ecosistema natural. La toxicidad de sus componentes afecta la calidad del agua y la tierra, y numerosas especies de animales acaban envenenadas. “Las colillas contienen sustancias como cadmio, arsénico, alquitrán o tolueno que, al entrar en contacto con el agua, tiene efectos devastadores en la naturaleza. Cada colilla puede llegar a contaminar hasta ocho o 10 litros de agua; y hasta 50 litros si es agua dulce”, asegura el informe de SEO.